Eso estaba haciendo Emmanuel Álvarez aquel 5 de Marzo, hace exactamente cinco años. Se subió a aquel micro que lo llevaría junto a sus amigos a la cancha de San Lorenzo, en donde tenía cita con su querido Fortín. Igual que vos, tal vez tu hermano, o tu papá.
Pero nunca llegó. Por esas cosas del destino un descerebrado decidió disparar hacia aquel micro, arrebatándole a un pibe una vida llena de sueños y proyectos. Le tocó a él. No a vos, no a tu hermano, no a tu papá.
Yo no conocí al Gordo (como le decían cariñosamente sus cercanos), pero por alguna extraña razón siempre me movilizó este tema. Esta historia. Y pensándolo bien, ¿cómo no me va a sensibilizar? ¿Cómo no voy a sentir a Emma como un amigo o un hermano si justamente podrían haber sido ellos? ¿Cómo no me voy a solidarizar con la causa si también me compete?
Hoy, después de cinco años las cosas siguen igual. Seguimos viendo al equipo contrario como enemigo, como raro. ¿Acaso no vemos que estamos unidos por el mismo sentimiento: la pasión? Hoy, después de cinco años la violencia es moneda corriente en nuestro país, en nuestro fútbol. Pareciera que no aprendimos nada. Este deporte que tanto amamos se sigue cargando vidas, como si fuesen descartables, como si no doliesen, como si no valieran nada.
La mejor forma de recordar a Emma es haciendo justamente eso, recordar. Que el tiempo no calle nuestros gritos de justicia. Que lo que pasó sirva como ejemplo de algo que no debería ocurrir nunca más. Que la violencia no se transforme en algo asquerosamente normal. Que el ir a hacer lo que más amamos no nos saque la vida. Que no nos maten por ir a la cancha.
No nos olvidamos de vos, Emma…
@aayelen
No hay comentarios:
Publicar un comentario