¡Qué lindo volver a encontrarnos amig@ lector! Aunque usted se preguntará de qué va a hablar este muchacho si el DEB es el análisis técnico-táctico del partido de turno. Como alguna vez avisé, hoy no será “Desde el Banco” sino “Desde el Diván”. Y el paciente de turno seré yo, lo será usted y todo aquel hincha de Vélez que crea necesario parar la pelota, mirar la cancha y ver hacia dónde encaramos. Al finalizar la columna podremos estar más o menos de acuerdo, pero creo que nos merecemos un ratito de calma, como quien se junta a charlar con un amigo y entre mates se pone al día y se nutre del diálogo y el intercambio de ideas y puntos de vista.
Voy a ser honesto y voy a comenzar mencionándole el póker de razones que me motivaron a escribir estas líneas, todas ellas ocurridas en el transcurso de estos últimos 10 días en el mundo fortinero: la situación al respecto de la partida de Benjamín Garré al Manchester City, la llegada de refuerzos apenas menguada con el reciente arribo de Gonzalo Díaz, la entrevista que tuvimos el orgullo de hacerle a nuestro amigo Santiago Ladino en PF Radio y la venta de Hernan Toledo al grupo inversor y su posible e inmediata cesión a Boca Juniors.
Se han dicho infinidad de cosas al respecto. Dimes y diretes, argumentos, excusas, improperios y todas las formas de expresión posibles que no hicieron otra cosa que poner en evidencia el costado más intolerante y verborrágico de nuestra idiosincrasia. Y en medio de ese torbellino Christian Bassedas, nuestro DT y actor principal de esta columna, mostrando el temple y la mesura dignas de quien pilotea un avión repleto en medio de una tormenta. Primera reflexión de la tarde: tomemos como ejemplo a Christian. Sepamos mantener la calma y el criterio. Seamos prudentes y claros en los mensajes aún cuando debamos efectuar reclamos o indicar que algo no está bien. TODOS, absolutamente TODOS los que amamos a Vélez queremos lo mejor para el Club. No dudo de las buenas intenciones de nadie, pero sí considero que debemos ser cuidadosos en las formas. Con Bassedas tenemos la suerte y hasta el deber de cuidar a unos de los mejores ejemplos de sabiduría y coraje, para no decir de “cabeza y huevos”, demostrados en su etapa como jugador, mánager y ahora con la ropa de director técnico.
Siguiendo con el orden del día, este cuidado en las formas es lo que debemos fortalecer entre todos para que se convierta en un círculo virtuoso, en un hábito que todo aquel que no esté dispuesto a respetar lo pondrá en evidencia inmediata. ¿A qué voy con esto? Al tema en particular de la pertenencia. La pertenencia, que a su vez debe complementarse con la pertinencia (lo que es adecuado u oportuno en un momento o una ocasión determinados) no debe ser un bien exigible ni tampoco moneda de cambio. Vélez forma jugadores por el propio amor a la docencia y a la formación de hombres de bien. Es nuestra esencia y el legado de Don Pepe Amalfitani: "cada pibe ganado a la calle es un título en nuestras vitrinas, y al que no le guste que se haga hincha de Boca". Como para dejarlo en claro: usted no ama a alguien (pareja, familia, hijos, amigos) a la espera de que ese amor sea compensado. Lo hace de manera desinteresada y porque cree que es lo mejor. En Vélez pasa lo mismo. La pertenencia y la pertinencia son esos sentimientos de ser parte de algo, de obrar en consecuencia y de retribuir desinteresadamente la alegría que a uno le genera. No podemos pretender de que toda persona que pase por el Club sea el hincha n° 1 y que deje todo por Vélez. O en tal caso, empecemos por preguntarnos qué hacemos cada uno de nosotros por nuestro sentido de pertenencia a Vélez Sarsfield.
Es sabido que no todos nuestros jugadores son hinchas, así como tampoco lo fueron muchos ídolos de nuestra historia. Pero Vélez nunca puede perder es esa cualidad de Institución formadora no sólo en el alto rendimiento deportivo sino también en valores humanos. A veces puede fallar la parte deportiva, otras la humana: nadie es perfecto. No podemos pretender que los casi 30 jugadores del plantel profesional de cada año sean excelsos futbolistas, excelentes personas y fervientes hinchas de Vélez. Lo que no debemos hacer es corrernos de la línea de conducta histórica que nos hizo un club modelo ya que las consecuencias serían que no sólo un jugador, un juvenil o un empleado del club sino que a todo el mundo le de lo mismo estar en Vélez que no estarlo. O peor aún: convertiríamos esta escuela en un liceo militar o en una agencia de trabajo temporal. El caso de Garré es un buen ejemplo: independientemente de lo que suceda con su carrera, lo que no debemos reprocharnos es la formación que se le brindó. Porque así como lamentamos este caso, no debemos olvidarnos de los otros, los más lindos, y que son producto de esa inversión educativa: a la generación dorada del Fortín con su cuota social al día, a Mauro Zárate donando un gimnasio entero para que los juveniles y los profes puedan trabajar tranquilos, a Lucas Castromán poniendo cuerpo y alma para encabezar campañas solidarias y miles de ejemplos de bonhomía forjados en el vestuario de Vélez Sarsfield.
El tema de Toledo es muy parecido: ¿qué decirle a un pibe que, en 20 partidos, nos llenó los ojos de ilusión y siendo aún un nene se puso el equipo al hombro en más de una ocasión? ¿Cómo negarle la alegría de jugar en el club del que dice ser hincha si mientras defendió la V azulada lo hizo con soberbia y encima nos deja una millonada de euros? ¿Podía haber declarado distinto? Si, seguramente. Pero ahí es donde juega lo que decíamos antes: la pertenencia y la pertenencia.
Supongamos que usted es un joven estudiante o recién recibido analista de sistemas que trabaja en una PyME familiar de reparación de computadoras. Una empresa pequeña pero cálida en donde se siente querido, trabaja cómodo, le bancan los días de estudio para que pueda ir a rendir tranquilo, le tiran un manguito a fin de año o una cajita navideña para brindar con la familia. Y un día resulta que la varita mágica de la vida le toca la cabeza y lo llaman de la empresa de la manzanita para ir a trabajar a Silicon Valey por una fortuna en verdes, casa, auto y demás bondades que se imagine... ¿Está seguro en seguir cuestionando la pertenencia de Garré, Toledo, Fulano o Mengano? La pertenencia no pasa por ahí sino por ser memorioso, respetuoso y agradecido del lugar de donde se sale. Y ahí es donde cada uno sabrá ponerle el valor afectivo o monetario que le corresponda a la memoria, al respeto y al agradecimiento.
Profundizando estos temas con Ladino el pasado lunes fuera del aire, escuchando su punto de vista como ex jugador de Vélez con paso por Inferiores, campeón defendiendo también otros colores (Banfield, Torneo Apertura 2009) y con un cariño y agradecimiento por el Club pocas veces visto, me quedo con una frase que dijo al aire: “no todos los corazones laten igual”. Me quedo con esta idea para ir cerrando esta columna que se ha extendido más de lo pensado. Ni mi corazón late ni mi cabeza piensa igual que la de usted. Ni mejor, ni peor: simplemente distinto. Tan distinto como la cantidad de opiniones y comentarios que leí al respecto de los temas que motivaron esta catarsis. Hoy Vélez necesita de todos nosotros y de lo que podamos aportarle. Reitero: cada uno sabrá qué es eso que puede dar. Dar sin pedir nada a cambio, de la misma manera que recibimos. De modo respetuoso, tal como nos gusta ser tratados. De forma honesta y sensata, las formas en que nos gusta que nos digan las cosas. Como se aprende en Vélez, como se maneja en Vélez, como se contagia en Vélez.

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