jueves, 28 de febrero de 2013

Montevideo, qué bien te veo

Hay historias que quedan en tu memoria para siempre. Hay anécdotas que sabés que se la vas a contar a tus hijos, sobrinos, nietos. Hay momentos en la vida que se inmortalizan en palabras, como éste.

Salimos para el estadio Centenario dos horas antes. Primer consigna: sin nada de Vélez. Cruzar Montevideo vestidos de azul y blanco era una misión suicida. El colectivo estaba inundado de manyas que se dirigían al mismo sitio que nosotros. ¿A quién no se le hubiese pasado por la mente gritar “AGUANTE VELEZ” y ver la reacción de los uruguayos? Pero la cordura nos mantuvo callados.

Dar la vuelta al centenario entre miles de personas del equipo contrario fue bastante sencillo, nadie se dio cuenta (por suerte) que éramos fortineros hasta la médula. El camuflaje era una de las mejores decisiones del día.

La suerte seguía siendo nuestra amiga. Lo confirmamos cuando a uno de nosotros, en 
un fuerte enamoramiento con la cerveza el test de alcoholemia le dio 0.49 (siendo el máximo 0.50) y logró entrar al Centenario como un campeón, digno de fortinero.

Caras familiares, saludos y abrazos le siguieron al llegar a la platea América. Las mismas caras de siempre, la pasión por los colores, esta locura que nos lleva a todos al mismo lugar, al mismo momento, al mismo nombre, a ver a Vélez.

La tensión se sintió durante los noventa minutos, se cortaba con una tijera el aire, típico partido de Copa: muchas faltas, árbitro localista, alma y corazón para defender la pelota, para defender el nombre del Fortín en cada minuto.

El gol de Luquitas Pratto fue… inexplicable. Piel de pollo al transcribir el momento, y con eso se traduce todo. Un desahogo sobrenatural, risas, abrazos, gol de Vélez. Gol. Y terminó el partido, y respiren muchachos, que ganamos.

Los momentos de violencia empañaron un poquito la noche, porque esto no somos nosotros. No hay que aplacarla con más de ella. Ojalá como sociedad aprendamos a valorarnos como seres humanos, más allá de la camiseta.

La vuelta se hizo larga, pero llena de sonrisas y mini anécdotas de la noche. Porque Vélez es más que un partido, es más que fútbol, es mucho más que todo (no, si vos sabés).


@aayelen

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