martes, 1 de diciembre de 2015

Vélez Campeón Mundial: Lado A



El tiempo pasa y nos vamos haciendo viejos dice la canción, como así también con la edad. La nostalgia se hace cada vez más fuerte y todos los 1° de diciembre llegan los recuerdos de esa alegría que jamás imaginaba vivir hace 21 años. 


Esa semana fue imposible de vivir, con el viejo lejos, la tranquilidad me la daba mi mamá día tras día, transmitiéndome una confianza que ella sola sabía decir. El equipo llegaba a Tokio una semana antes, con la idea brillante de climatizar al grupo y trabajar esa final especial.

La noche anterior nos fuimos a intentar dormir temprano, digo intentar, porque conciliar el sueño era imposible. La hora llegó, nos pusimos todos la V azulada, el café con leche no faltaba, la escuela estaba suspendida por 90 minutos. Los nervios te comían el estómago y sólo el liquido pasaba por allí, pero la alegría era inmensa por llegar adonde todo hincha había imaginado alguna vez. Todo estaba listo.

No puedo sacar de mi cabeza la imagen de ver a los jugadores entrar, ver esos rostros y secarme las lagrimas de vernos entrando hacia lo que podía ser la gloria.

Chilavert; Almandoz, Trotta, Sotomayor y Cardozo; Basualdo, Gómez, Bassedas y Pompei; Flores y Asad. Como olvidar a estos soldados caminando por el túnel enfrentando a esos gigantes gladiadores, que conquistaron Europa y el mundo, tipos como Baresi, Boban, Maldini, entre otros, que venían de golear 4 a 0 al Barcelona por la Copa de Campeones.

El nerviosismo se instauró fuerte cuando se escuchó el pitido inicial, la distancia era gigante pero el aliento solo tenía un paso de Liniers a Tokio. Pasó aquel primer tiempo difícil, con un Milan mejor pero con un Vélez tranquilo. Un vaso de Coca y una medialuna para arrancar el segundo tiempo con todo. Chilavert le mete un pelotazo a Basualdo , el Pepe mete el centro al Turu y Costacurta lo agarra y penal. Un abrazo que duró un segundo nada más, para ver el televisor de nuevo. Todos los pies derechos del pueblo fortinero se posaron con el del capitán Trotta, el derechazo salió disparado del pie de Rossi y gol, sí, GOL, no lo grité, me tiré al piso y lloré, como nunca, no podía hablar, lo sentí de adentro y me volví a sentar. Cuando entré en razón, lo vi al Turco, haciendo una pirueta rara, al costado del área, sin ángulo y GOL, sí, era el segundo, era la gloria, era el mundo. Solté el sollozo con la mayor alegría, no me desenganché de los brazos de mi vieja que estaba conmigo, y toqué el cielo con las manos.

El pitido final fue el sonido más lindo, fue alegría, algarabía y pasión. Subimos al auto y al Amalfitani derecho. Ahí donde Don Pepe había empezado este sueño, para dejar en el cielo esa estrella dorada. El mundo tenia una V cruzada en el centro, y la historia quedaba marcada con estos jugadores que demostraron entrega, talento y valentía. Desde Tokio a Villa Luro salió el nuevo campeón y hoy hace 20 años esa canción retumba y retumbará para todo el mundo.


Pablo Pino 
@Pablopino3

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