Hacía rato que no disfrutábamos de una tarde soleada en
Buenos Aires, nos habíamos acostumbrado a los días grises y lluviosos, a la
niebla y a los paraguas chocando en las veredas, pero como por arte de magia,
la vuelta al “Teatro Colón de los Estadios Argentinos” en la tercer fecha de este
campeonato no nos podría haber recibido con un mejor contexto: Un sol radiante
que iluminaba el césped del Amalfitani de una manera tan especial como
agradable.
Miles de almas fortineras dimos el presente el domingo para
presenciar al equipo del Tigre, el “renovado” equipo del Tigre que todavía esta
reacondicionando su identidad, tras un masivo éxodo de parte de casi todas sus
figuras. Un equipo “forzado” ¿porque no?, ya que la cantidad de incorporaciones
fue tan escasa que sorprendió a propios y extraños, y el surgimiento y afirmamiento
de jóvenes promesas canteranas ya se debe empezar a plasmar en el primer
equipo.
Y aunque todos sepamos que llevará un tiempo consolidar este
equipo con sus nuevos nombres, las consecuencias del proceso están doliendo más
de lo que pensábamos. Después de una abultada victoria contra el débil Argentinos que nos hizo ilusionar, solo
sacamos un punto contra Independiente en un partido más que especial, y ahora
nos tocó caer. Volver a perder de local, en nuestra casa, en nuestra tierra,
alentado la aparición de los fantasmas del torneo pasado, donde sacar tres
puntos de local se nos hizo una tarea tan difícil que exasperó a más de uno.
La gran falla: La ausencia de gol. Más allá de cualquier
idea de juego, estilo, o postura con el balón, la única forma de ganar los
partidos es convirtiendo goles, y si eso falla, nos enfrentamos a un serio
problema con una prioridad de Urgencia para resolver. Todavía no pudimos
digerir la partida del último delantero de área, Santiago Silva, con verdadero
instinto de gol, sus suplencias: un veterano Guillermo Franco, y un pobrísimo
Mauro Óbolo, todavía siguen errando goles para Velez por más que no jueguen más
en él. Y a pesar que en el primer tiempo, nos acercamos con bastante peligro
sobre el arco de Marchesín, la maldita falta de puntería fue debilitando física
y mentalmente a los jugadores velezanos que iban a buscar el gol con las ansias
que caracteriza al futbolista que viste la V azulada, hasta que un “error”
propio de la desconcentración, logro que Lanús convirtiera cuando menos lo iba
a buscar , y de ahí en más el partido se tornó una pendiente en alza para el
equipo cada vez más entregado al resultado en contra.
¿Injusto? Puede ser, ya que el Granate se dedicó a defender
y a atacar de contraataque, y le salió muy bien. Velez fue equipo que intentó
con muchas ganas, pero se fue desvaneciendo como la luz de la tarde, a medida
que estos intentos se perdían en las manos del arquero o en un saque de arco.
Párrafo aparte para Germán Montoya, que con sus actuaciones
le está dando un guiño a Gareca devolviendo con creces la confianza que
depositó en él, y le manda un mensaje tácito a su colega Sebastian Sosa diciéndole
que va a estar en el banco bastante tiempo más (perdón fortineras).
A pesar de todo, el
Campeonato recién comienza y todavía tenemos margen y material para mejorar y
pulir estas deficiencias. Lo único que esperamos todos, que estas actuaciones
no se nos hagan costumbre, y volvamos a disfrutar cada vez que vamos a nuestro
estadio como en estos últimos años.
Chiri
@chirifortin
Chiri
@chirifortin
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