jueves, 16 de mayo de 2013

Llamen a un exorcista

Las brujas no existen, pero...que allá donde la avenida Juan B. Justo empieza a despedirse de la Capital Federal, y donde se encuentra una de las joyas arquitectónicas porteñas, anda revoloteando una, o quizás un aquelarre, no hay dudas. 

Este semestre inicial del 2013, coincidiendo con quienes atribuyen mala suerte a esos dos últimos dígitos, parece embrujado para Vélez. Y eso que el Año Nuevo venía cargado de lindos presagios: se mantuvo intacto al equipo campeón, llegó un refuerzo de categoría como Gago, la Libertadores era la gran obsesión y no se desdeñaba el torneo local. Pero finalizaba la pretemporada y una evitable fractura de tibia borró por un largo tiempo a Ariel Cabral, pieza clave en la estructura. 

Poco después, y al margen del fútbol pero con impacto en el corazón fortinero, falleció mientras entrenaba en el Polideportivo una jugadora de las inferiores de Hockey sobre Césped. 

Volviendo al fútbol los lesionados se multiplicaron por mayor: el tobillo izquierdo de Facundo Ferreyra, después el desgarro y para rematarla el prolongado desgarro; lesiones musculares de Fernando Gago, también extensa, Francisco Cerro, Lucas Pratto y Lucas Romero, rotura de meniscos de Fernando Tobio, el desmayo y susto de Iván Bella y el esguince de rodilla de Gino Peruzzi, casi un Hospital. Y hubo más: la confusa y aún misteriosa muerte del hincha tras el partido con Emelec y la renuncia del vicepresidente Adolfo Chutchurru, hombre clave en el sensible Polideportivo. 

Dentro de la cancha también anduvo esa bruja maldita, con los insólitos piques en los remates de Leandro Benítez (Estudiantes) y Leandro Navarro (San Lorenzo), ambos en el José Amalfitani, para someter a un muy buen arquero como Sebastián Sosa. 
Y si faltaba algo: el grave error del mejor marcador central del fútbol argentino (más allá que haya tenido una noche nefasta ante Newell's) para que extienda la carrera de horrores con su compañero de zaga, un defensor que venía adaptado y  respondiendo bien hasta el momento, para que los rosarinos convirtiesen el gol decisivo que dejó a Vélez afuera de la ansiada Copa. El amor propio y la insistencia del segundo tiempo tenían un final anunciado: las brujas andaban rondando ese arco del equipo visitante. 

@GuilleTaglia

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