Recuerdo haber entrado de su mano al templo y como latía mi corazoncito de emoción al escuchar a la tribuna cantar, al ver tanto verde ocupado sólo por 22 tipos (23 si contamos al árbitro). Desde ese día entendí lo maravilloso que es estar al lado de quien uno ama, si las cosas andan bien como si andan mal.
Racing era un gran rival que peleaba (sin suerte, como hasta estos días) los torneos de aquella época, contaba con jugadores como Rubén Capria, Tito Pompei, el Chelo Delgado, Teté Quiroz o el Piojo López y en ese momento el match pintaba para lo que finalmente fue, un partidazo.
Emociones por doquier, mucha gente de ambas parcialidades alentaban sin parar y le agregaba un condimento particular a ese partido tan especial para quien escribe. Gol de penal de Trotta, empate de Capria (con uno de los mejores tiros libres que vi en mi vida), gol de Asad y otro de cabeza de Trotta (uno parecido al que hizo Canteros a Quilmes en el 2011, para el que no lo recuerda) y gol de Fleita para poner el 3-2 final a favor del Fortín.
Quizás del partido no recuerdo tanto, lo único que se me viene a la mente es el Amalfitani lleno de gente y como cambió mi vida desde ese momento, hasta el día de hoy donde las estrellas siguen brillando en el cielo fortinero.
Por Martín Ferrara (@tincho1387)
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