domingo, 31 de agosto de 2014

20 años no es nada


Me siento frente a la notebook y pienso qué escribir. Lo más serio sería una crónica pero no me sale, perdón.

No puedo ponerme en la piel de algo que no soy, y puedo ser muchas cosas pero, primero, soy hincha de Vélez, por eso elegí contarle mi historia, prefiero primar lo sentimental a lo frío de las estadísticas. Lo recuerdo como si fuera hoy. Las lágrimas, la emoción, y hasta la incredulidad de muchos de nosotros ese 31 de agosto de 1994 llenan estas palabras, que en este momento vuelco en este espacio.

Fue un sueño que arrancó un 13 de febrero, en casa y frente a Boca, ¿quién, en sus sanos cabales, diría que Vélez podía siquiera clasificar en un grupo compartido con el citado Boca y con Palmeiras y Cruzeiro? La primera fase pasó y dejó un golazo del Turu por arriba frente al Xeneize, una enorme victoria en La Bombonera, el empate en el Mineirao frente al Cruzeiro de Ronaldo y el lujo de ir con suplentes a Sao Paulo en la última fecha porque Vélez ya estaba clasificado.

Los Octavos llegaron y, tras el empate en Montevideo, la vuelta se veía favorable. Sin embargo, no se sacaron ventajas y la clasificación llegó a través de los penales, esos aliados que nos acompañaron hasta el partido final. Luego, en Cuartos, se eliminó al Minervén de Venezuela y, así, se llegó a las Semifinales, frente a un rival de peso, el Junior del Pibe Valderrama y Valenciano. Tras sendos 2 a 1 (uno para cada uno), llegó el turno de los tiros desde los 12 pasos y con ellos, el primer indicio que esta copa podía quedarse en Liniers.

Llegaba el último penal para cada equipo y era el turno del Turu Flores, quien fue pero no pudo convertir. El Amalfitani no podía creer su suerte. Dependía de un paraguayo, un loco que le gustaba patear penales y tenía una personalidad que lo agigantaba en las difíciles, por eso, cuando le tocó a Méndez no extrañó que Chila volcara su cuerpo hacia su derecha y se quedara con la pelota (todavía me corre ese escalofrío y siento ganas de llorar cada vez que lo veo). El estadio estallaba en júbilo y todos sabían que con D1os al arco, todo iba a estar bien. Por eso, nadie se sorprendió cuando Ronald Valderrama marró su penal y Vélez clasificaba, por primera vez, en una final continental.

En la final lo esperaba al Sao Paulo, bicampeón de América y uno de los mejores equipos sudamericanos de la historia. La ida fue pareja, pero el equipo del Virrey se impuso con un tanto del Turco Asad. En Brasil, y con un hombre menos, Sao Paulo ganó por la mínima y obligó a los penales. Cual David frente a Goliat, Vélez demostró su hombría y derrotó al candidato, en su propia casa. Hasta los más incrédulos podían gritar: VÉLEZ CAMPEÓN DE AMÉRICA!!!

Recuerdo todo y se me caen las lágrimas, se me pone la piel de gallina y los mejores momentos de mi vida vienen hacia mí. Y, a pesar de tanto recuerdo, no tengo dudas que vamos a volver a tener a esa presea que se nos hace esquiva, tanto como para convertirse en una obsesión.

Por Martín Ferrara (@tincho1387)

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