viernes, 8 de agosto de 2014

Todos los momentos que viví: All Boys (2012)


Me levanté aquel día más expectante de lo que me acosté. La impaciencia me ganaba de mano al no saber qué hacer mientras se hacía la hora de partir. Que las cábalas, que la camiseta, que si no me olvido algo, como si no me hubiera hecho bastante mala sangre para conseguir una de las poco más de 2000 entradas que nos dieron. Planeé aquel día toda la semana con un único pensamiento: "esta tarde no se nos escapa". Mucho se habló de lo difícil que era ganar en Floresta, de lo que pasaría en cancha de Lanús y hasta algunos pesimistas se conformaban con el empate.

Partí hacia Vélez, desde donde salían los micros sólo para recorrer 20 cuadras. Allí esperaban mis amigos en reunión, como siempre. Risas, fernet y total confianza. La fiesta comenzaba. El ritual de seguir al Fortín a todos lados, una vez más se hacía presente tiñendo la Juan B Justo de azul y blanco y llenándola de nuestros tantos himnos, ritual apenas opacado por la ineptitud policial antes del partido.

Eran las 15 y estábamos apretados en la tribuna de esa cancha digna del ascenso, ese club que tanto nos busca y poco encuentra de nosotros. Pasaban los minutos de un partido de ida y vuelta, donde la pasábamos mal, mientras que del Sur llegaban noticia de que Estudiantes le hacía partido al Lanús de los Schelotto. Era tranquilidad para nuestra gente que, preocupada, veía como el equipo no lograba arrimarse con firmeza al arco rival.

Fue recién en el segundo tiempo donde se vio al Velez de todo el campeonato, que abatió con furia contra las defensas blancas y negras y no se canso de correr, hasta que, quebrada, aplastada y superada, en el momento en el que el partido parecía morir en 0, las defensas de Floresta cedieron para darle el gol servido a Pratto, para que la tribuna visitante se venga abajo de la locura. Lo gritaban esas 2000 almas apretadas bajo el raudo sol, lo gritaba todo el pueblo fortinero a lo largo y ancho del mundo. Corré, gritalo, tirate al piso y descansá Oso, que tu hazaña ya quedó grabada en nuestra ya gloriosa historia junto con la revolcada del Tigre.

Con el resultado cerrado, y por si acaso, llegó una buena definición del Chucky, ese muñeco maldito que tantas alegrías nos dio ese campeonato. La gente no quería irse. La Juan B Justo volvió a teñirse de azul y blanco en aquella CaraVana hasta Liniers, donde nos acompañaron autos y los vecinos agitando sus banderas. Velez había cumplido. Otra tarde inolvidable entre tantas de nuestra historia. El banquete estaba servido. Pero para el plato principal faltaba una semana.

Por Pablo Moscato (@PabloMoscato)

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