Afortunados los ojos que pudieron apreciar en plenitud la
historia de uno de los mayores ídolos velezanos
en el club. El auge, apogeo y ocaso de Jose Luis Felix Chilavert dejó una marca difícil de igualar, marcada a fuego en los corazones fortineros y grabada
eternamente en las páginas doradas de Vélez Defender el arco del fortín, de la
época del 1 paraguayo en adelante, no es cualquier cosa, conlleva una
responsabilidad especial atada a la mística ganadora que nos dejó de legado
nuestro gran ídolo.
Muchos guardianes de los tres palos han pasado, mal o bien,
para proteger la valla velezana, obviamente, y que no entre en discusión,
ninguno ha podido alcanzar ni asomarse a la sombra del Chila, pero
decididamente, siempre se busca un “sucesor”.
Muchos se habían empeñado en destacar a Barovero, como EL
GRAN arquero después de Chilavert, ese hombre esmirriado, de aspecto escuálido y
para nada llamativo, pero de reflejos rápidos y excelentes cualidades para la
portería, hombre de selección, que trasmitía una seguridad constante los 90
minutos del partido.
Sin embargo, luego de una jugada rara, y de la cual nunca se van a conocer los
detalles, Barova se fue del club de Liniers, repentina y silenciosamente.