Ni quiero pensarlo, pero el equipo gana. No quiero apresurarme, pero falta cada vez menos. Ya me parece haber leído todo esto… Es que estamos tan acostumbrados últimamente a sentirnos así, cerca de la gloria.
Después de una gran repuntada Vélez gusta, juega, gana, golea. El equipo se entiende, la delantera hace desastres con la defensa rival, el medio resguarda la pelota y guía al equipo, atrás las cosas van dando resultado. Estamos a un punto de Newell’s y la ansiedad está a flor de piel.
¿Ya es viernes? Me pregunto todos los días desde que abrí mis ojos el domingo. No, todavía no. Calmar las ganas de que sea el último día de la semana es casi imposible. Ir a alentar al equipo me hace tan bien. Y me lo debo. A mí, y al Club que me dio la sangre azulada.
¡Qué poquito falta! Es difícil no soñar… “Paso a paso” dijo el Tigre. (Cuánta paciencia tiene este hombre -Que me preste un poquito-) Y así será entonces. Un estado de nerviosismo y felicidad constante. Agradecerle a papá por haberme hecho conocer esto, el amor incondicional. Porque, pase lo que pase, todos sabemos que el sentimiento queda. Estando en la punta o en el fondo de la tabla… ESTO no se va.
Cierro los ojos… Llego a Liniers, camino hacia Amalfitani. Veo a mi familia, de sangre y fortinera. Siento sonar los bombos, la gente, los papelitos. La banda sigue alentando… ¡Vamos Fortín, vamos que se puede!
@aayelen
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