domingo, 5 de julio de 2015
Homenajes: Campeón Clausura 2009
Julio de 2009. Camino por las calles de Liniers, mucha gente (ajena al fútbol) preocupada por la epidemia de Gripe A, incluidos los dirigentes de la AFA, quienes habían pospuesto la final frente a Huracán por una semana, e incluso rondaba la chance de hacerlo jugar sin público.
Finalmente, el día llegó. La gente fortinera se acercó en multitud hacia el José Amalfitani para hacerle sentir a cada equipo cuál era su lugar verdadero dentro de nuestro fútbol.
Lo recuerdo todo, fue casi como en una película, aunque creo que ninguna podría tener tantos matices, tantas idas y vueltas.
Llegó la lluvia, luego el diluvio y después las piedras que llegaron para suspender el partido por casi 30 minutos. Este parate le vino mejor a Vélez, que se acomodó un poco y salió con todo en la reanudación, tanto así que vino el penal, tras una falta al Burrito. Todo el público local esperaba un desenlace a favor, pero Monzón ahogó el grito desgarrador de miles de gargantas fortineras tras tapar, en una volada hacia su derecha, la pena máxima a Rodrigo López.
Lo veo todo tan claro, quizás porque ya pasaron muchos años y en mi mente estas imágenes ya pasaron una y otra vez.
Llegó el penal no cobrado tras la brutal falta de Arano a Cubero y el partido (y nuestras esperanzas) se ahogaban en las demoras que hacían los "Ángeles de Cappa" en cada pelota disputada, pero de repente se empezó a vislumbrar el final de la película, aquel en el cual el tipo bueno mata al malo y rescata a la chica, o aquel en el que el equipo laburante, ofensivo y duro vence al equipo que la prensa quería imponer como el mejor.
Apareció un enano, el más gigante de todos, y con su caricia hacia la bola, hizo que ésta besara la red y la justicia se hiciera presente en nuestro templo. De ahí en más lo conocido, la expulsión, el acting de Don Ángel ante las cámaras, la sangre de Domínguez, la salvada de Montoya y el final, nuestro merecido final, que se funde en las lágrimas de nuestro líder, el señor Ricardo Gareca.
Teniendo 28 años fue el gol que más grité, aún habiendo vivido el de Asad al Sao Paulo en Liniers, o los dos en Japón al Milan, entre tantos otros.
Fue el más sentido porque había perdido hacía muy poco a mi viejo y quería que el club que tanto amaba, y que me dejó como su legado más importante, pudiera regalarle algo a la distancia. Pasaron 6 años y yo sigo convencido que él, desde arriba, se tiró a trabar junto a Larrivey o lo retuvo al Gordo Monzón en el piso para que Maxi convirtiera. Quizás sea una locura lo que pienso, o quizás no, pero dejame así, creyendo y siendo feliz al recordarlo. GRACIAS Y muchas felicidades campeones!!!
Martín Ferrara
@tincho1387
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