lunes, 9 de noviembre de 2015

Independiente 1 - Vélez 0: Desde el banco


Final del juego. Tal como el libro de Julio Cortazar. Discúlpeme amigo lector de Pasión Fortinera pero voy a “spoilear” algo de la obra para que se entienda: el libro comienza con el cuento “Continuidad de los parques”, de trama fantástica y final trágico. Así empezó el año y el ciclo Russo: con una decisión fantástica de la AFA, el lamentable desempate con Boca que obligó a tomar medidas cuanto menos de apuro y que derivaron en el principio de este trágico final. Sepa entender el uso metafórico de la palabra tragedia: esto no es más que un juego, transformado en deporte y devenido en negocio. No está de más aclararlo.
Y termina con el cuento homónimo, también fantástico y en donde las protagonistas de la historia juegan a un juego llamado “estatuas y actitudes”. Anoche, como capítulo final, tuvimos mucho de eso también.

Vélez cayó derrotado por 1 a 0 ante el Rojo luego de que el árbitro Ariel Penel cobrase y justificase con aires castrillescos un penal inexistente o cuanto menos dudosísimo. El trámite del partido fue parejo, en donde los dirigidos por el querido Flaco Pellegrino pudieron inclinar apenas un poco la balanza a su favor por individualidades como las de Mancuello y Benítez y en donde el análisis técnico no varía mucho de lo que venimos viendo desde enero y resulta hasta anecdótico, con lo cual quisiera empezar a desmenuzar todo lo que vino ocurriendo en la semana y que alimentará a la columna de hoy.

Empecemos con que el referato argentino entró en seria revisión por su falta de calidad profesional luego de la final de la Copa Argentina entre Boca y Rosario Central. Ya en la entrega anterior me vi obligado a caerle a Lamolina Jr. Ceballos, de quien ya se habla de una desvinculación como árbitro de AFA, sólo sumó un leño más a esta hoguera. De ahí a llegar a lo que vimos y vivimos anoche no había más que un paso. Penel, que lleva dirigidos no más de 15 partidos en Primera División, bien podría entrar en las justificaciones de Miguel del tipo “es joven, le falta experiencia, son decisiones”. Lo que me cuesta aceptarle es la falta de criterio y autocrítica. Y aquí pongo una frase de mi autoría que bien podría entrar en las leyes de Murphy: siempre que haya una excepción a la regla o una interpretación que perjudique a Vélez, será aplicada. Para los que leen esta columna y para quienes me conocen saben que yo no soy un “llorón” ni un “excusero”, sólo pido que la justicia se aplique por igual para todos. Y si no recordemos cuando en la fecha 8 recibimos a Arsenal y Delfino retrotrajo un penal y una expulsión a instancias de sus colaboradores y producto de un error. La realidad es que un árbitro no te gana ni te pierde un partido, pero sí puede influir mucho en ello.

Segundo punto clave para esta columna que se dio en la semana: Christian Gustavo Bassedas, hijo pródigo del club, será a partir de enero de 2016 el próximo paciente de este diván de análisis. Junto con él estará Damian Manusuvich como ayudante de campo. Y ahí podremos cerrar el balance del ciclo Russo, en la comparativa entre ambos. Bassedas, que supo lo que es ser un pibe de las inferiores, formar parte de un plantel joven y sin experiencia, que tuvo la oportunidad de ser dirigido y acompañar a los más exitosos técnicos de la historia fortinera y que probablemente tenga que seguir con este plantel y alguna que otra cara nueva, será quien demuestre si realmente este grupo era una pedazo de carbón o si había que trabajar más o diferente para descubrir que en el fondo había un diamante.

Vélez cerró así su año futbolístico, con un puntaje que justifica muchísimo lo que expresé semana a semana: Russo encaró cada partido con la intención de no perder. 29 puntos en 30 fechas es, por un poroto de menos, el equivalente a haber empatado todos los partidos. Cierto es que al Fortín le sobran algunos de los que tiene y le faltan varios más de los que carece por lo que fue en términos de merecimientos, pero como cita otro viejo adagio de tablón “los goles no se merecen, se hacen”.

Termina así un nuevo capítulo en la historia del Club Atlético Vélez Sarsfield, con Miguel y sus pibes como protagonistas, cargado de drama, suspenso, intrigas, personajes, héroes y villanos impensados y una trama más que retorcida. El fútbol, como cualquier otra manifestación cultural, queda a gusto de cada consumidor. Habrá quien haya disfrutado esta obra y quien haya querido tirar el libreto a la basura.

En lo particular pienso que este es un pésimo capítulo de un libro hermoso, que jamás me cansaré de leer y releer y en donde confío ciegamente que el próximo capítulo contará con Bassedas como el muchachito de la historia que vuelve para torcer el destino y lograr lo imposible para alcanzar el tan ansiado final feliz. Vélez es el libro de mi vida, el que me leía mi viejo de pibe y el que espero leerle a mis hijos el día de mañana para que se vayan a dormir con la misma felicidad y orgullo con la que lo hago yo, usted y todos los que sentimos una V azul en el corazón.

Emiliano Curuchaga
@Emi_Curu

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