Fecha 29 del Torneo “No te aguanto más 2015”, derrota como local ante River y si la fecha pasada fue dificultoso escribir esta columna imagínese lo que es hoy hacer el análisis y diagnóstico de un paciente ya declarado terminal: el final del ciclo Russo fue anunciado en la noche del jueves, siendo éste y el de la semana próxima los dos últimos capítulos de esta novela.
Y aquí, amigo lector de Pasión Fortinera, doy pie a la primera polémica: la noticia, a mi parecer, fue cuanto menos prematura. Si la decisión ya estaba tomada y el final del torneo era la fecha de caducidad de este proceso, ¿por qué no informarlo en ese momento una vez cerrado, analizado y juzgado? ¿Con qué ímpetu encaran el plantel y sobre todo el cuerpo técnico, de cara al público, dos encuentros que nos podrían meter en la Liguilla pre-Sudamericana? Es como ir a ver la película sabiendo el final.
Y le doy lugar a la segunda: ayer Vélez perdió su mejor partido del año. ¿Recuerda que la columna pasada la cerramos citando a Marcelo Bielsa y hablando del proceso y la nobleza de los recursos utilizados por encima del resultado? Bueno, anoche previo al gol de Alario le comenté a un amigo con quien observaba el partido que independientemente de cómo terminase, me iba a ir contento del Amalfitani porque por primera vez en el año estaba viendo una idea y un despliegue futbolístico. Limitado, a veces a los ponchazos, por momentos con más ganas que fútbol, pero con la preocupación puesta más en el arco rival que en el propio. Porque como dijimos en entregas anteriores, eso es lo que respeta la naturaleza del juego: gana el que más veces mete la pelota adentro del arco ajeno.
No quiero anticiparme a lo que será el análisis final de este ciclo, así que vamos de lleno al partido. Vuelta al 4-4-2, con Cubero y Damian Pérez por los laterales, Asad y Cufré –de gran partido- por las bandas, Toledo un poco más retrasado en la línea de ataque y tirado a la derecha y Vazquez bien de punta.
Desde los primeros minutos Vélez demostró sus intenciones con dos llegadas claras que no pudieron empujar Asad ni Cubero. Y la llegada al fondo de FC5 es clave para entender este cambio de imagen: el Fortín volvió a soltar a los laterales, generando un adelantamiento de líneas y permitiendo que los volantes se conviertan en opciones ofensivas. Damián Pérez mostró también lo suyo en el ST con una llegada y un remate de afuera que, antes de impactarlo, nos hizo pensar a todos en su gol frente a Defensa y Justicia. De hecho este recurso tan valioso y poco utilizado de ofrecer al 3 y al 4 como opciones de ataque hizo que Gallardo ubique a Ponzio como líbero entre los dos centrales riverplatenses y arme la línea del 5.
Vélez mostró también fortaleza en el juego aéreo y en la solidez de sus centrales, pero una vez más los errores de lectura del partido de Miguel nos dejan con las manos vacías. Gallardo movió el banco a los 10 del ST metiendo a Alario por Bertolo, en clara muestra de aumentar el peso ofensivo, mientras que Russo recién 15 minutos después y luego del susto de Saviola al estrellar en el palo una contra increíble sacó a un errático Somoza por el Perro Romero.
Y con lo dicho, la segunda clave de la derrota y un concepto repetido en Velez 2015: errores que se pagan carísimos. La contra que mencionamos nace luego de una jugada en ataque a favor de Vélez que Kolacha Desábato (que sigo sosteniendo que es de lo mejor de este año) no logra controlar. Y posteriormente el gol llega sobre el final del partido con una nueva falla: desborde sobre la banda de Cubero a los 82´, un centrito sin destino que Aguerre (también irreprochable) intenta cortar y termina despejando al punto del penal y que, ante la sorpresa de Amor y Gianetti, es empujado al gol por Lucas Alario.
Los minutos finales se jugaron con una desazón e impotencia que se vieron reflejadas en la expulsión de Pérez.
Como usted habrá podido ver, en esta columna intento lo menos posible hacer referencia a los desempeños arbitrales, pero es esta ocasión permítame decirle que Nicolás Lamolina me hizo recordar a mis primeros años de observancia de fútbol, cuando su padre era apuntado por sus pésimas performances. Así como pedimos que Yamil se parezca un poco más a Omar, es mi deseo que Nicolás logre parecerse lo menos posible a Francisco.
Le resta el último capítulo a esta novela russa, cargada de drama, pesimismo y planteos existencialistas al mejor estilo Los hermanos Karamázov de Dostoyevski. Pero al igual que los autores vanguardistas fueron perseguidos y criticados para tiempo después ser reconocidos, ojalá la obra de Miguel logremos entenderla y valorarla con los años. Su trabajo no fue fácil, el hermetismo de su trabajo (a puertas cerradas y sin atención) tampoco nos permitió comprender sus métodos y nos vimos obligados a juzgar sólo sus obras: partidos y declaraciones. Ojalá podamos pedirte nuevamente perdón Miguel, cuando Gianetti suene para la selección, Desábato sea un caudillo incuestionable en el mediocampo, Toledo y Delgadillo se cansen de anudar piernas rivales por las bandas para asistir a un Vazquez que te garantice 12 goles por torneo, mientras Doffo apila rivales y define cruzado. Porque por encima tuyo, mío y de los defensores o detractores de tu obra hay algo mucho más importante: el Club Atlético Vélez Sarsfield.
Emiliano Curuchaga
@Emi_Curu
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