Sin embargo, de todo esto no hablaríamos de no haber existido el celebre 225, que no es aquel colectivo que unía Quilmes con Villa Real, es un artilugio que permite, en los escritorios (jejeje) reglamento mediante, que el inoxidable Fabián Cubero con más prontuario que currículums pueda seguir jugando al fútbol.
En ese milagro que es el Poroto dentro de una cancha, Vélez abrió el camino a la victoria con un cabezazo de goleador, esto, todo esto es Fabián Cubero, indefendible, inimputable, irreemplazable, inmune, impermeable al tiempo y con un espíritu de sacrificio en la entrega y en el esfuerzo que lo ponen a tope en los ídolos Velezanos. No habría que buscar más razones para justificar este triunfo del Fortín, haciéndole caso a la vieja reflexión del filosofo: "todo de lo que se consiga en la vida será la conjunción del hombre y sus circunstancias", el hombre es el Poroto, las circunstancias también son de su autoría, alguna vez, hace muchísimos años, en el siglo pasado decidió jugar en Vélez y, honestamente viendo los resultados, se lo debemos agradecer.
Tino Guitian
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