Los problemas continúan, el equipo no tiene reacción, la calidad de juego se perdió, no se logra obtener el posicionamiento de la pelota, los errores defensivos se repiten una y otra vez en cada partido. La conexión entre los jugadores parece haberse perdido dado que no se percibe ningún tipo de enlace entre ellos y mucha tensión en cada partido.
Se denota la falta de hambre que hay dentro del equipo, como bien dijeron dos experimentados del plantel como Pratto y Domínguez, se perdió la humildad, se sale a jugar cada partido sin intensidad, sin presión, la identidad esta desconocida, este Vélez no es Vélez.
Si pedimos un cambio, pido que se cambie todo, el desarrollo de juego, el campo táctico, jugadas preparadas y partido bien preparados. Es inadmisible que la planificación de cada partido tenga sólo dos días de trabajo táctico y los días libres que se le presta al equipo luego de cada derrota.
Yendo al juego específicamente, los horrores defensivos parece de jugadores sin experiencia, las espaldas de los laterales se pierden, las llegadas en solitario de los delanteros rivales al área con dos centrales desconcertados, un mediocampo sin fútbol y marca y delanteros sin gol.
Mas allá del ligue, que es cierto por la cantidad de lesiones que se obtuvo, no hay reacción, no hay convicción y eso fabrica que la gente pierda la paciencia, se canse y pierda la credibilidad en este equipo.
Hay todo por cambiar, hay jugadores, inferiores, se puede creer en un Vélez como el de años atrás pero hay que caer en la realidad, sentir donde estamos parados y volver al hambre de antes para ganar todo lo que se ganó. Siempre hubo luz en la oscuridad, aunque hoy este todo tapiado, un agujerito siempre hay para que entre la pizca de esperanza.
Por Pablo Pino (@Pablopino3)
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