El sábado, frente Argentinos Juniors, fue una clara divisa de la historia de este momento. Un equipo partido, sin ambición, actitud y claridad. Un técnico perdido sin salir del banco de suplentes a ordenar a un grupo de jugadores que, a la falta de un líder, se encontraban sin rumbo frente a un estadio lleno de ira e impaciencia.
Las tres lineas dejaron ver grandes errores: Defensivamente, cada duda cuesta un riesgo o un gol. La velocidad y movilidad permite que los delanteros rivales desnivelen en cada ataque.
En la mitad de la cancha, no hay desequilibrio por los laterales, no existe la conducción y la organización de juego. El corte y la entrega falla y no impiden los envistes rivales.
En la ofensiva, el peso es nulo, el olfato de gol esta taponado y los aciertos inciertos.
La paciencia se terminó en la gente, que no admite más este tipo de actitudes y estilo de juego. Exige victorias que este club demanda por su historia y condición de equipo. La hinchada genuina se expresó, ojalá seamos escuchados y que este equipo cambie por completo para devolverle la sonrisa a la gente y nos reintegren el sillón donde merecemos estar sentados a lo largo de la historia.
Pablo Pino (@Pablopino3)
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