Si bien el resultado es un bálsamo para el pueblo fortinero y para el equipo, debemos ser cautos en el análisis. ¿Puede un partido contra un equipo dos categorías inferior ser la vara para medir el nivel, la calidad de juego y la transición futbolística de lo que se venía viendo a lo que pueda venir? La respuesta es NO. Sin desmerecer a ningún rival, y con el antecedente de haber sido eliminados de la Copa anterior de manera contundente por Estudiantes de Caseros, estos partidos son una suerte de espada de Damocles para el estudio de situación. Si ganás, le ganaste a un equipo de la B Metro, no jugaste con nadie, partidos así se ganan solos. Si perdes, perdiste con un equipo de la B Metro, no podes perder con un equipo así, que se vayan todos. Ante este plano de situación, es inevitable caer el en lugar más común y horrendo que tiene el juego: el resultadismo. Se ganó, se goleó, a otra cosa.
Analicemos entonces al equipo de Miguel Ángel Russo. 4-4-1-1 para salir al ruedo, con Doffo como media punta y Caraglio de 9. Desde el vamos resulta un planteo demasiado cauteloso, máxime ante el rival al que se enfrentaba. Cubero, si bien saltó a la cancha como doble cinco junto a Desábato, casi por instinto bajó a la zaga central, transformando el esquema en un 5-3-1-1, con Kolacha como único medio de marca, desacoplando y desconectando la línea media con el ataque. Alvarenga y Delgadillo por las bandas pero muy lejos de Doffo para triangular y abastecer y Caraglio pivoteando contra el mundo. Nada muy distinto a lo que venimos viendo desde el inicio de la temporada.
Gran partido de Doffo, quien sintió el rigor de Susso desde el minuto 0 cuando recibió un codazo con gusto a “Nene, ojo cómo te portas”. Aún le falta criterio en la distribución de ciertos balones y fortalecer sociedades ya sea de manera vertical con Caraglio u horizontal con Delgadillo, Alvarenga o quien acompañe. Y con esto también remarcamos un problema que frecuentó Vélez a lo largo del año: por lesiones, expulsiones o rendimientos fue muy difícil mantener el esquema y el once inicial por más de dos partidos.
Gran partido de los centrales: el Pupi Gianetti en un gran nivel mostró seguridad y criterio en la marca, al igual que Emi Amor que también se anotó un nuevo gol con la camiseta del Fortín.
Buenos desempeños también de Pérez y Pérez Acuña por las bandas, discretos en el juego y con proyecciones limitadas.
Los ingresos de Lucio Compagnucci, Ivan Bella y Yamil Asad por Alvarenga, Delgadillo y Doffo fueron “de posición por posición”, con la intención de mantener el resultado y el ritmo del partido.
Tal vez un poco demorada la salida de Agustín, quien tuvo que aguantar la repetición sistemática de faltas por parte del Quemero hasta el minuto 30 del complemento cuando el partido ya estaba 2 a 0 y planchado.
Buen manejo de la pelota parada tanto en lo defensivo como en el ataque, al punto que los dos primeros goles llegaron por medio de jugadas a balón parado, mientras que Delgadillo pudo haber ampliado luego de una rápida recuperación y distribución de un corner a favor de Acassuso.
Cerramos el análisis con dos puntos clave de este Vélez: Aguerre siempre sobrio y criterioso, transmitiendo seguridad y elegancia en cada intervención y Milton Caragio que volvió a convertir por duplicado. El primer tanto luego de una serie de rebotes en el área de "Susso" que lo encontró donde deben estar los delanteros de área, mientras que el segundo fue producto de un bombazo de afuera del área (recurso poco muy utilizado) que doblegó el esfuerzo de Nicolás Angellotti.
Se ganó, se jugó bien para lo que dejó hacer el rival, pero siempre quedará la duda de lo mentiroso que puede llegar a ser el resultado. Mientras Vélez espera por el Coco Correa, Maxi Romero y la incógnita de Alan Arario para generar volumen de juego y explosión, estimamos que la idea de Russo seguirá apuntando al incremento de minutos en cancha, roce, transiciones lentas y rigor táctico.
Emiliano Curuchaga
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