lunes, 24 de agosto de 2015

Vélez 0 - Colón 0: Desde el banco


21ª fecha del Torneo, empate 0-0 contra Colón en Santa Fe y la sensación de que esta columna podría hacerse cómodamente copiando y pegando la de la fecha anterior.

Hacer el análisis técnico del Vélez de Miguel Russo me genera una ambigüedad y un choque de sensaciones profundo. Quien pudo ver un entrenamiento en la Villa Olímpica no puede negar el trabajo que realizan el plantel y cuerpo técnico. Tampoco puede negar que al grupo se lo ve unido, fuerte y preocupado por la falta de resultados. Las declaraciones pre y post partido también se perciben genuinas. Entonces: ¿por qué el Fortín no gana, no gusta y mucho menos golea? Echarle la culpa al campeonato económico es no saber en dónde estamos parados; culpar a los pibes es de bajeza moral y futbolística y a Russo es ser desagradecido con un técnico que –le pese a quien le pese- supo ser campeón en Vélez y cuando decidió irse a Boca pagó el costo económico y personal.

Vayamos entonces al partido: nuevamente a la cancha con un 4-4-1-1. Por favor no se dejen engañar con que es un 4-2-3-1, porque en tal caso la disposición sería 4 defensores, 5 volantes y un solo delantero que de sólo escribirlo me da escozor.

Habiendo utilizado a casi 40 jugadores en lo que va de la temporada y ante un Colón que tampoco hace pie en la cancha y sale a defender con tres, ¿por qué no adelantar líneas, mostrarse agresivo y plantear un 4-3-3 o 4-3-1-2 con Tripichio-Desábato-Asad en el medio y Delgadillo-Doffo-Caraglio arriba? Una vez más sólo Miguel sabe por qué no arriesgar cuando ya queda poco por perder y muchísimo por ganar, entre otras cosas la confianza de los pibes y de la gente. Porque cuando ganar deja de ser una deuda impagable es mucho más fácil de alcanzar.

Los volantes por las bandas siguen estando más preocupados por cubrir las subidas de los laterales contrarios que por abastecer a Caraglio, quien a esta altura del torneo está más cerca de alcanzar el nirvana que conectar un centro a la cabeza.

Ni siquiera la superioridad numérica favorece a Vélez: al igual que contra Tigre, la expulsión de un rival no genera ventaja deportiva y los cambios vuelven a ser posicionales. De hecho el ingreso del Monito Vargas faltando 5 minutos siembra la duda respecto de si lo que se buscaba era un debut consagratorio o seguir justificando que la falta de gol es directamente proporcional a la falta de experiencia.

El fondo nuevamente sólido, con Aguerre como abanderado de la sobriedad y seguridad, pero que no podrá repetirse contra Defensa y Justicia: Emiliano Amor se ganó una nueva expulsión por imprudente y fecha a fecha me hace dudar si estamos ante uno de los mejores centrales que pueda sacar Vélez o quien le quite el oro y la plata a Cubero y Trotta en lo que a tarjetas rojas respecta.

En otro momento del Fortín como de Colón traerse un punto del Cementerio de los Elefantes era todo un mérito y hasta una proeza. Ayer resultó un premio consuelo y hasta un signo de pregunta más en el interrogante futbolístico de este Vélez cuasi franciscano.

El próximo sábado ante el Halcón en el Amalfitani estaremos ante un rival parecido a Colón, con lo cual la chance de reivindicación está al alcance de la mano. Vélez debe imperiosamente ganar, no para despejar dudas sino porque los tres puntos urgen. Hoy Vélez es como un auto que necesita ir al mecánico, pero primero hay que sacar el freno de manos y ponerlo en marcha. Y si es necesario, que lo empujemos entre todos.

Emiliano Curuchaga

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