¿Recuerdan la entrega anterior de esta columna cuando nos preguntábamos si el rendimiento con Acassuso era el indicado para medir el nivel del equipo y concluíamos que no lo era? El partido con Rafaela es el ejemplo de esto: un equipo de menor nivel y nombre que Vélez en los papeles al que no pudimos doblegar ni superar.
Miguel Ángel Russo apostó nuevamente por el 4-4-1-1 y siembra la duda: ¿es el esquema táctico de su preferencia o es el único aplicable a los recursos con los que hoy cuenta? ¿Califica un mismo esquema para jugar contra Acassuso por playoffs de Copa Argentina que contra la Crema, de local, y en un torneo que ya nos tiene como meros espectadores? Sólo Miguel lo sabe. Desde la comodidad del sillón, con el diario del lunes y la estatuita de Bielsa que llena de dicha mi hogar cual elefantito al que se le atan los $2 a la trompa mirándome, yo descartaría este esquema que no ha dado resultados y apostaría a algo más. Porque ante todo, hay que entender la esencia del juego: gana el que hace más goles.
Vélez salió a la cancha con los mismos once que ante "Susso", con el ingreso de Lucio Compagnucci por Cubero (aún suspendido en el torneo) y con las mismas falencias: equipo largo, todos atrás y Caraglio de nueve y pinceladas de Doffo, Delgadillo y Alvarenga que no terminan de pintar dado que no tienen opción de pase luego de sus corridas y apiladas.
Aunque parezca mentira, el que genera los pases ofensivos es Emiliano Amor: es quien más bochazos a tres cuartos de cancha envió a lo largo del partido. Pretender que pelotazos predecibles de más de 50 metros lleguen a los pies de Milton, éste pueda girar, desmarcarse y lograr un disparo cómodo es apostar al milagro. Y no porque sea Caraglio, quien ha dado sobradas muestras de entrega: ni Batistuta o el Oso Pratto podrían administrar esta empresa.
Nuevamente los cambios son posicionales: Asad por Alvarenga, Bella por Delgadillo y Cardozo por Gianetti por lesión faltando 15 minutos, dificultando el recambio en el último tramo del partido.
Vélez también es desconcertante: nuevamente los goles vienen de manejo de pelota parada y una buena proyección y ataque al espacio libre cortando líneas. Vélez llega una vez y mete un gol. El problema es que llega sólo una vez. Entonces, siendo puramente estadísticos y conscientes de la efectividad y consistencia de las pocas situaciones que se generan: ¿por qué no apostar a generar más situaciones? Cualquiera podría decirnos “no tenemos a nadie para eso”, a lo cual retrucamos: ¿no tenemos a nadie, o no está bien posicionado?
Los pibes han demostrado que actitud no falta, talento hay y por sobre todo sobran las ganas de revertir este presente. Lo afirma cada uno de los protagonistas en la cancha y en las declaraciones. Sólo resta animarse a más, sacarse el miedo a perder –y a ganar- y permitir que los chicos hagan de sus picardías.
Emiliano Curuchaga
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