Atento pueblo fortinero: hemos ganado una batalla de una guerra larga contra nosotros mismos. Seamos cautos, no permitamos que la irregularidad propia de este momento que nos toca vivir nos haga pensar que hoy somos los mejores y antes éramos un desastre. Aprovechemos estos tres puntos oxigenantes para entender que el proceso de recambio y adaptación de los juveniles va a alternar buenas, regulares y malas.
Hechas las aclaraciones del caso, pasemos al análisis. Primer acierto técnico de Miguel Ángel Russo: revalidar la capitanía de Alan Aguerre. Aguerre se ganó a fuerza de trabajo y personalidad el reconocimiento como referente y voz de mando. Un pibe cada vez más grande, al punto de que el arco a sus espaldas parece unos centímetros más bajo y angosto.
Nuevamente a la cancha con el 4-4-1-1 y un susto tempranero bien desactivado parecían un presagio de que íbamos a ver la misma película por vigésima vez. Pese a los buenos desempeños personales de los cuatro del fondo, en conjunto presentaron falencias y desatenciones que pasaron factura sobre el final del partido. Esta línea de 4 fue asistida constantemente por Cubero y Desábato: el Poroto como una suerte de líbero sobre la línea media complementado las marcas y Kolacha con un despliegue técnico impecable, tal vez poco reconocido por tratarse del trabajo sucio.
Bella por izquierda resultó gravitante durante todo el partido, no pareció aprovechar la titularidad para demostrar lo que supo ser. Asad aportó un poco más por derecha, con más amor propio que efectividad. Una vez más pareció que Vélez no estudió al rival: Caraglio y Doffo bajaban constantemente ante las salidas del fondo de Defensa, equipo que pese a los cambios de entrenador sigue apostando a salir jugando sin importar sus limitaciones.
El saldo de los primeros 45 minutos resultó más de lo visto hasta entonces: laterales sin proyección y complementado marcas al igual que los dos 5, volantes por fuera aguantando los avances de los laterales rivales, Doffo corriendo con la pelota al pie sin encontrar receptores y Caraglio luchando contra los centrales rivales, viendo más el arco de Aguerre que el de Arias.
Párrafo aparte para el complemento. Me encantaría haber estado en el vestuario local para escuchar la palabra o el gesto que generó el click necesario para ir a buscar el partido. Vélez supo hacer lectura del encuentro y no sólo adelantó líneas sino que hasta se lo vio hambriento. Por suerte esta actitud tuvo rápido resultado y a los cinco minutos una pelota bien bajada por Caraglio encontró en el pase atrás un excelente remate de Damián Pérez para abrir el marcador y compensar la falta de proyecciones del primer tiempo. En tan solo cinco minutos Vélez hizo todo bien: proyección de los laterales, de buen desempeño pero sin aporte ofensivo más allá de las pelotas paradas; pivoteo de Caraglio, arrastre de marcas para generar espacios y tiro de media distancia. Excelente debut en la red para Pérez, quien supo abandonar de manera criteriosa su posición de viejo “full back” para mostrar variantes ofensivas y cualidades técnicas.
15 minutos después, Vélez confirmó a todo el Amalfitani que ésta era la noche de redención: buen centro Pérez Acuña a la salida de un córner para el cabezazo cruzado de Cubero y el gol de la tranquilidad. Difícil de explicar desde lo emocional, tal vez un poco más sencillo desde lo táctico: nuevamente se jugó bien una pelota parada con la proyección del lateral derecho para abastecer un área poblada de buenos cabeceadores. Permitanme salir del análisis: qué alegría ver la cinco correr sobre el césped de la cancha, gritar su gol, contagiar a los diez de adentro y a los 25.000 de afuera. Fabián Cubero a sus 36 años tiene el físico y el hambre de dos de 18.
Por primera vez en el torneo la superioridad numérica (expulsión de Ciro Rius a los 15) permitió acrecentar el volumen de juego y Miguel Russo efectuó un cambio no posicional: Nanni por Bella, delantero por volante para reestructurar la línea media para pasar a un claro 4-4-2 y darle aire a Doffo y minutos en cancha al Pistolero, quien supo bajar y distribuir todos los pases que recibió pero que no logró consolidar con Caraglio una dupla de ataque propia de un sistema de “dos tanques arriba”. No es culpa de ellos: el partido había entrado en una meseta y esta vez de manera justificada por el resultado y el desempeño, no era necesario arriesgar más de lo debido. Sí cambió ficha por ficha al ingresar a Alvarenga por Asad faltando cinco minutos, mientras que el ingreso de Delgadillo por Doffo fue para robarle segundos a los tres minutos de descuento que ya nos encontraba 2 a 1.
Finalmente, y como dijimos al principio, los errores del fondo pasaron factura sobre el final del partido: un remate desviado, una respuesta a puro reflejo de Aguerre y a los 90 el descuento de Defensa a través de Marcelo Benitez para ponerle suspenso y tal vez una cuota de injusticia por como se venía desarrollando el encuentro.
Vélez volvió al triunfo, demostró carácter y ambición y por sobre todas las cosas pareció entender de que los partidos se ganan cuando se van a buscar. Reitero un concepto de la columna de la semana anterior: queda poco por perder y muchísimo por ganar. El miércoles contra Gimnasia por Copa Argentina Miguel tendrá la posibilidad de confirmar que los esquemas deben adaptarse no sólo a los recursos sino también al rival y a la dinámica del partido. Pero por sobre todas las cosas que los partidos se ganan cuando uno se preocupa más por ganarlos que por no perderlos.
Emiliano Curuchaga
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