viernes, 30 de mayo de 2014

Todos los momentos que viví: Instituto (2004)



Afortunado quien me dijo una vez: "Vivir tantas como las que viví, no son propias de que las pueda contar cualquier hincha".

Tengo toda una vida para hablarte de Vélez, y la locura que llevás no es ni gratis, ni pobre. Tiene un costo tan hermoso, como es el de seguirte hasta el cansancio de mis días. ¿Cuánta locura hace falta para ser genuino? Me mudo a noviembre del 2004, viernes 19 para ser exactos. 

Eran épocas post-campeonato económico y, los que entienden de pasión sin hablar de resultados, saben que eramos los mismos que nos veíamos las caras, en todas las tribunas. Fue el Apertura que la mayoría de los Fortineros lo recuerdan por "la cagada de Sessa" ante Arsenal, dejando el campeonato en manos rosarinas. 

Con más locura que sueño, en mi casa nos levantamos a las 5 AM en punto a armar el bolso, preparar los sanguchitos de milanga y un buzo de más (que nunca viene mal porque a la noche te cagás de frío en el micro). Emprendimos la travesía con un solo fin: regresar con el triunfo bajo el brazo para seguir ilusionándose. Recuerdo que éramos sólo dos micros (hoy a la distancia, llevar aproximadamente 100 personas con chances de seguir peleando el torneo en plena fecha 16, no es motivo menor de gastada) y adentro de cada uno se vivía la fiesta que todos conocemos, pegándole al techo del piso de arriba al compás de cada tema, los muchachos de siempre de atrás con el cajón de madera jugando al truco y unos tintos para aclimatarse. Llegamos a San Nicolás para hacer la primera parada, duró tan poco que ni nos dimos cuenta, volvimos y enseguida notamos la gente colada que había, pero por suerte nuestros lugares seguían sin ocupar. 

Llegamos a un pueblo, del que nunca conocimos el nombre, eran aproximadamente las 3 de la tarde. Nos paramos porque el micro que iba atrás había pinchado una rueda, y nos quedamos a apoyarlo. La espera se hizo eterna. Pasaron más de dos horas y media para que llegue un auxilio y la idea de llegar "temprano" a la cancha no se iba a poder dar. 

No me acuerdo cuánto habrá vendido la estación de servicio cerca y la parrilla de al lado, pero seguro estaban contentos. Con la rueda arreglada del otro micro, y llegando a las 19 (el partido era 20.30) sufrimos la requisa natural en la entrada de Córdoba Capital. El garrón mayor lo comimos los hinchas al enterarnos que, en esa espera para que auxilien la rueda pinchada, algunos hinchas nuestros por aquel pueblo con más de veinte aerosoles pintando de azul y blanco todo, y con muchas ganas de hacerse notar. 

Con mucha historia y poca conclusión, cuento que al partido llegamos re tarde, y que esa mini tribuna visitante de Instituto no paró de alentar los 90 minutos, pese a que nos contábamos entre nosotros. Vélez perdió ese partido en el minuto 78 con un gol de Daniel Jiménez, y en los nuestros jugaron casi el mismo equipo del Vélez Campeón 2005 (con Maurito de titular). 

Se volvió a casa, toda una noche donde no voló ni una mosca y dormían todos, amargado, pero con muchas ganas que llegue el próximo domingo y volver a verlo, y volver a sentirlo. "Estás loco" dicen algunos. "¿Fuiste para nada?" dirán otros. Sepan que, no me arrepiento ni un segundo de mi noche escribiendo esta historia.

Por Martín Benazzi (@BenaCavs)

No hay comentarios:

Publicar un comentario