Dentro de semejante anarquía de movimientos Tigre encontró la ventaja sin merecerla y, para mí, justo es decir que al cabo del Primer Tiempo tampoco la justificó, precisamente los últimos diez minutos de esa etapa, mostraron las dos chances de gol que dispuso Vélez, en los pies de Caraglio y una volea de Nanni que se fue cerquita, muy cerquita del travesaño.
Imaginamos con algo de esperanza el Segundo Tiempo, pero lejos estuvo Vélez de inquietar a Tigre. Otro horror en el fondo de Damián Pérez, al que lo pasaron como a un poste, centro atrás, media volea y el segundo estaba adentro. Ya no fue partido, Russo volvió a la linea de 4 con Amor de lateral derecho(!), se fue Yamil, intrascendente total y Alvarenga, lejos de ser la solución, le agregó un vértigo más efectista que efectivo, la aparición de el pibito Vargas, otro más que llenará la estadística de no haber logrado nada, porque no es su tiempo para llegar a la Primera y porque honestamente no es un pibe, es un niño.
El tercer gol estaba de más, no hubo desde los merecimientos esa diferencia. Once derrotas en 24 fechas a 11 puntos del último y a un siglo de diferencia del puntero, moviendo el plantel entre las categorías 95, 96 y 97, sin potenciar decididamente a ninguno de quienes tocaron la Primera, sin rumbo futbolístico determinado, con excusas atendibles, lesiones, fixtures apretados, sin refuerzos de categoría, por más que ahora se destaquen en otros Clubes, este Vélez de Miguel Russo es una pobrísima expresión de fútbol.
¿Culpables ? Obvio que los hay, ¿renunciamiento histórico del técnico? No se preve, al menos en las remanidas conferencias de prensa post partido, que no quiere decir que no sea necesaria. El partido no terminó, la pelota está en poder del Presidente, alguna vez supo lo que hacer con un técnico campeón, ahora no sé, y de verdad es lo que me preocupa.
Tino Guitian
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