lunes, 21 de septiembre de 2015

Vélez 0 - Estudiantes 1: Desde el banco


Fecha 25 del “Torneo Adefesio 2015”, derrota en casa ante el Pincha de Gabriel Milito y la constante de dudas e interrogantes respecto del Mundo Russo. Como venimos repitiendo desde esta columna, Vélez es un colosal signo de pregunta desde la idea futbolística y los actores que la ejecutan hasta las tribunas que no se deciden si cantar por la salida de Miguel, por el encuentro futuro con Nueva Chicago o para reclamarle al plantel que hay que ir menos a los boliches y tal vez más a la Villa Olímpica.

En la noche del sábado Russo hizo todo mal: él, que es un hijo pródigo y conocedor de Estudiantes, pareciera haber optado por todas las opciones que potencian el desprecio histórico del club platense por el buen futbol y el juego al límite del reglamento. Puso en cancha un ¿4-3-1-2? con un Aguerre notablemente lesionado, Grillo de lateral izquierdo (no es su puesto natural y la función de 3 lo incomoda), Desábato como único 5 (función que le cuesta) y Asad como una suerte de enganche, la cual también le cuesta y además le pesa. Al exilio de Caraglio en el área rival ahora se le suma Roberto Nanni. Y aquí abro el juego para que usted, estimado lector de Pasión Fortinera, me confirme si en estos casi 10 meses Vélez anuló mi capacidad de análisis y me deba remitir a mirar el Mundial de Rugby o si tiene algún valor esta columna. Habiendo escatimado juego más de 20 partidos, ¿era esta la noche para entregarle el mediocampo a Estudiantes, un club con una historia basada en el control de la línea media? ¿Es necesario poner jugadores en puestos y funciones en las que NO rinden para justificar que no hay otros? Jugando con tres pibes ligeros como Delgadillo, Asad y Doffo, ¿cómo puede ser que no se apueste por algo similar arriba, teniendo a Vargas, Combe Arriola, Vázquez? Pero lo más grave del caso dado que esto no tiene solución aparente: ¿cómo puede ser que jugando con dos 9 de área el único centro conectado de cabeza en los 90 minutos lo haya hecho Gianetti y producto de un corner?

Una vez más no se hizo análisis ni lectura del partido. Vélez retrocedió de espaldas todo el encuentro, permitiendo a Hilario Navarro salir jugando de abajo en todas sus intervenciones sin que nadie lo presione. Conste que antes de hacerlo, el arquero correntino se tomaba el tiempo que tanto el Fortín como el árbitro Penel le daban para cebarse un tereré, revisar el Facebook, acomodarse el tiro de los pantalones largos y recién ahí poner el balón en juego.

Ni siquiera el doble susto del primer tiempo, donde poste y travesaño se pusieron la V azulada en una misma jugada pareció ser un golpe de espabile para salir a buscar el partido. Un tirito muy discreto de Nanni a las manos de Navarro, el cabezazo de Gianetti y paremos de contar.

Como ya es costumbre, una falla en el fondo abre el marcador para el rival, se suceden los cambios posicionales con el resultado sellado a un 90% y las pinceladas de los jóvenes que ingresan (Toledo y Vargas por Doffo y Delgadillo) nos hacen ilusionar con sus potenciales y transmitirles, sin querer queriendo, el peso de que sus incipientes apariciones son la salvación a este presente nefasto y futuro incierto.

En medio de la previsibilidad futbolística, en donde cualquier equipo sabe cómo juega Vélez y cómo jugarle ya que no proyecta laterales, no tira centros a sus nueves, no triangula en ¾ de cancha con sus volantes creativos, no ataca espacios y por cada error que comete en el fondo le cuesta un gol y medio, Miguel suma una nueva declaración cuanto menos indeseada: “(los jugadores) algún día aprenderán a hacer un gol y cerrar los partidos como nos lo hacen a nosotros”. A riesgo de ganarme el odio de los distintos sindicatos docentes, es algo así como que un profesor en una reunión de padres diga “algún día sus hijos aprenderán a leer, escribir, sumar y restar y podrán ser como los chicos del colegio de enfrente que les va bien”. 

Independientemente de la actitud del estudiante en clase, la labor educativa (que también le corresponde a un DT) no es tirar el programa en el aula y que sea lo que Dios quiera. El proceso educativo es efectivo cuando el educando incorpora y aplica el aprendizaje, y ahí es donde se ve la virtud del educador en generar interés, compromiso y claridad en la transmisión del conocimiento. Honestamente, y para cerrar la entrega de hoy, pienso que el año futbolístico está perdido. No soy un derrotista ni un desestabilizador; de hecho me hubiera encantado que a Miguel le fuera bien, festejar títulos y dar vueltas olímpicas porque, pese a mi bielsismo como fe y filosofía, yo soy de Vélez y quiero lo mejor para el club así me dirija Don Marcelo, Bilardo, Pep Guardiola o Caruso Lombardi. Pero mi límite está cuando la autoridad se convierte en autoritarismo, se culpa al alumno por la falta de capacidad del maestro y en ese juego perverso se desvaloriza económica y profesionalmente uno de los recursos más valiosos de los clubes: los jugadores y sus juveniles.

Emiliano Curuchaga
@Emi_Curu

No hay comentarios:

Publicar un comentario