Fecha 10 del torneo y, a priori en el fixture, el partido más difícil del año: Rosario Central en el Gigante de Arroyito. Rival siempre difícil, de gran volumen de juego, con un técnico con algunas características similares a las de Christian (joven, del club, ofensivo, motivador) y con la obligación de ganar para subirse a lo más alto de la Zona 1.
Y Vélez, este Vélez tan particular que no empata y que anoche se presentó a jugar sin delanteros de oficio, llegaba golpeado por todos los flancos: pisoteado por Godoy Cruz hace una semana y emparchando el equipo fecha tras fecha por sanciones y lesiones. Primera gran apuesta de Bassedas: mantener el esquema. 4-2-3-1 para ir contra el clarísimo 4-3-1-2 del Chacho Coudet con Santi Stelcaldo como punta improvisado, mostrando un ritmo más propio de su naturaleza de media punta que de delantero neto, pero arreglándoselas para pelearle la parada a Pinola y Donatti.
Antes de empezar con el análisis táctico puntual, permítame decirle un factor clave: Vélez es un equipo lineal. Ataca y defiende de manera lateral y vertical. No ve entre líneas, no aprovecha las diagonales a favor ni cierra las rivales. Christian deberá trabajar muchísimo en esto y lograr romper ese pensamiento unidireccional que tiene el plantel y que parece condicionar todo el juego. Dicho esto, queda demostrado que el Fortín no duda en ir al frente, pero tampoco hace otra cosa más que eso. Muestra clara de ello es que no supo aprovechar las condiciones del campo de juego para probar siquiera un disparo de media distancia. Vélez no pudo hacer pesar nunca el rigor táctico, limitándose a hacer “lo que se puede” tanto para generar juego como para desactivar los ataques rivales. La disposición táctica debe ser estratégica. Jugar con dos cincos debe ser funcional, tres media puntas deben desarticular la salida rival con el pressing. Optar por jugar con un 9 alto o dos ligeritos debe tener sentido, sino es tirar jugadores a la cancha a jugar “a la pelota”. Pero más allá de las decisiones del técnico, los jugadores deben ser conscientes y entender de qué juegan y la importancia de su puesto y función.
Ejemplo de esto es el pésimo trabajo en las bandas. Tanto Cubero como Pérez tuvieron un partido para el olvido. La primera llegada de Central es por una mala proyección y retroceso de Cubero que permitió que Pinola recupere y triangule por el sector libre con Marco Ruben. Por su parte y por la izquierda Pérez fue el responsable de no cerrar a Montoya contra la banda y dejarlo lanzar el centro para el primer gol del partido, nuevamente con la complicidad de una floja salida de Aguerre. Ambas bandas condicionan a la defensa y al ataque, obligando a Cáceres y a Alvarenga a retroceder y a cumplir a medias sus funciones. De más está decir que sus amonestaciones también condicionan su desempeño y el de sus compañeros y en el caso de Pérez le significa perderse el próximo encuentro por llegar a la 5ª y a Bassedas la necesidad de pensar en un reemplazante y no poder mantener por más de dos fechas un mismo once inicial.
Solamente una expulsión inentendible como la de Pinola podía darle aire y espacio a un Vélez que, como dijimos, más a fuerza de amor propio y empuje que de prolijidad y criterio se acercaba al arco de Manuel García. Así, a los 38 una llegada por la izquierda le permite a Stelcaldo tomar un rebote y conectar el empate. Santiago es una muestra de lo que menciono y pido en el párrafo anterior: él no es 9, pero entendió que debía ocupar ese lugar, pelearle a los centrales, hacerse el hueco y buscar rebotes en lugar de excusas.
Pese a la superioridad numérica y el empate, Vélez no supo crecer en juego ni aprovechar la insistencia de Coudet en preservar a los 3 del fondo Canalla y el segundo tiempo parecía presagiar una nueva decepción. Somoza, que también venía levantando su nivel futbolístico y de aprobación de la tribuna, devuelve gentilezas y se gana una roja tan infantil y contraproducente que sólo me confirma que echarle la culpa de los rendimientos a los pibes y a la falta de experiencia es cortar la soga por lo más delgado. El gol de Lo Celso a los 30 luego de un desborde nuevamente por la derecha parecía ser el último puñado de tierra sobre el cajón de nuestras ilusiones pese a que minutos antes Bassedas tomó la segunda y más importante decisión del partido: viendo el cansancio, la falta de medio y los tres en el fondo de Central, puso en cancha a Delgadillo y Zabala por Cáceres y Stelcaldo para dar aire y velocidad y pasó a atacar con 4 volantes ofensivos, mientras Desábato jugaba de líbero un poco más adelante de la línea de defensores.
Y los últimos 10 minutos de partido serán tal vez los más emotivos desde aquellos vividos contra Huracán en el 2009. A los 87 llegaría recién la primera triangulación y ataque al vacío a través de Alvarenga, quien ingreso al área y tiró el centro atrás que no llegó a empujar Servetto (de buen debut) pero encontró a Zabala sobrando a todo el fondo para empujarla al empate. Pero a la Bomba Uruguaya le quedaba una explosión más. 4 minutos después, ya en tiempo de descuento, un pase en mitad de cancha perfectamente leído y cortado por Kolacha y bien trasladado por Delgadillo significó una contra letal de esas que Vélez demostró que sabe manejar. Pase interior para el oriental que tiró la diagonal y con mucha calma y criterio enganchó para sacarse de encima al marcador y tocó suave al palo izquierdo del arquero.
Una vez más un jugador del Fortín se prueba el traje de héroe y cuando los argumentos quedan cortos quema los papeles y sale de libreto. Por cosas como éstas Vélez es un equipo difícil de entender y más aún de explicar. No genera resultados cuando el argumento lógico debiera darlo y de repente saca conejos de una galera que tenía escondida debajo de la manga.
¿Resultado justo? No lo sé. ¿Necesario? Sin dudas. La situación de Vélez me pone en un lugar que no me agradó nunca: la del resultadismo. Quisiera no estar allí, pero hoy Vélez necesita puntos. Sumar puntos es ganar margen de error.
De momento resta esperar a las recuperaciones de Toledo, Pavone y Romero, ver cómo se cubre el lateral izquierdo y se rearma el medio sin Somoza. Próxima parada: Independiente en Liniers. Vélez ya ha dado sobradas muestras de su capacidad de reponerse y de improvisar. Es el momento de fortalecerse en la constancia y regularidad y sobre todo de volver a convertir al Amalfitani, ese Teatro hermoso que tenemos y que hoy cumple 73 años, en ese Fortín inquebrantable donde los rivales van a encontrarse con la derrota. Porque en medio de esta dinámica de lo impensado, y aunque parezca mentira Vélez sigue vivo. Y cuando empezas a ganar puntos empujado y unido más por el espanto que por el amor tal vez sin darte cuenta te encontrás peleando algo. Si no me cree pregunte por el Leicester.
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