Fecha 11 del Torneo y la oportunidad de consolidar la levantada conseguida en Rosario una semana antes. Primer dilema: ¿se ganó con fortuna ante Central, para no ser grosero y utilizar otro término? ¿Cómo puede ser que un mismo equipo le de vuelta el partido en 5 minutos a un candidato y al domingo siguiente no pueda dar dos pases en tres metros? ¿A Vélez le pesa la localía? Nosotros fuimos a hacer lo que nos pidió Christian: apoyar, alentar, acompañar. Al menos me quedo tranquilo que los mensajes los transmite con claridad.
Enfrente Independiente, un equipo que venía de dos empates consecutivos y con un técnico conocido de la casa y de Bassedas, querido como pocos e injustamente resistido: el Flaco Mauricio Pellegrino. Un tipo serio, de perfil bajo y con una metodología de trabajo tal vez demasiado europea para nuestro fútbol argento.
Enfrentamiento de 4-2-3-1´s, con Assmann por Aguerre, Bella por Damian Pérez en la banda izquierda, Desábato por Somoza y la ilusión por el regreso de Toledo. Y aquí empezamos a intentar explicar lo inexplicable. A los 10 minutos el Rojo ya había llegado dos veces, puesto en evidencia las fatales fallas del fondo del Fortín y exigido a Assmann con una tapada que, según se supo después, le generó la luxación de un hombro y que fue la explicación de la flojísima salida que le permitió a Ortíz abrir el marcador. 0-1 inédito, primer cambio quemado al hacer ingresar a Aguerre (relegado por sus magros desempeños) y la sensación que iba a ser una tarde más gris de lo que el clima ya venía pintando. De hecho la primera intervención de Alan fue esquivar el travesaño que casi se le cae encima luego de un bombazo de Leandro Fernández desde 40 metros.
Más allá de los bajos rendimientos, el dolor lo puso en evidencia la nueva indumentaria: de esos coquetos shortcitos y medias blancas que confeccionó nuestro proveedor sólo vi embarrados los de Giannetti. Muchachos: ¿ninguno fue al piso en 90 minutos? Independiente nos metió un gol y nos generó una contra a través de Aquino por pelear la pelota desde el piso. Si fuéramos el Barcelona, que juega de bastón y galera y solo va al piso para tocar el césped para luego persignarse, vaya y pase. Pero lo del domingo a la noche fue la cara de la displicencia.
Y aquí permítanme un paréntesis para intentar resumir lo que vino después. El ejemplo le va a ser útil a esta nueva generación de lectores y futbolistas crecidos al amparo de la “Pleisteiyon”. Si a mi me ponen a jugar a alguno de esos jueguitos de fútbol y me dan a Alemania, con todos los jugadores con la flechita en verde y armo una gran táctica y usted elige a San Marino y juega sin el 9 y un central, le apuesto lo que quiera a que me gana. ¿Por qué? Porque soy malo, pésimo. No sé ni los botones. Acá pasa algo parecido. Bassedas ya alternó nombres y esquemas, pero si los que mueven las palanquitas y aprietan los botones no saben o son malos, no hay con qué darle. Muestra de ello fue el tiro libre al borde del área que se quiso hacer con jugada preparada y no se pudo devolver una pared a dos metros.
Usted me dirá que la culpa es de Christian por ponerlos. Y yo le daré crédito parcial. Los que juegan de titulares probablemente entre semana hagan los méritos necesarios para ganarse el puesto. Son como el boxeador que entrena durante meses para subirse al ring por el título del mundo y pierde por KO ante la primera mano. También le diré que Vélez no tiene mucho más y hasta el próximo mercado de pases no lo tendrá. Salvo que en un ataque de locura colectiva descubran que Emiliano Amor es un 9 de área goleador de raza y tengamos que quemar todos los papeles y reescribir la idea de fútbol desde cero.
¿Qué podemos analizar entonces de un equipo que no pudo dar 3 pases seguidos, que no pudo entregar un lateral a un compañero y cuyas únicas dos llegadas fueron un tiro mordido de afuera del área que pasó a metros del palo y un cabezazo-nucazo a las manos del arquero? Aproximaciones excesivamente lateralizadas, al punto de perderse por las bandas y fallas en las marcas. El pressing de los 4 de arriba que no se aplica ya que retroceden a mitad de cancha y le entregan 50 metros de terreno y tiempo para pensar a la salida rival. Un doble cinco transformado en único cinco ya que Cáceres intenta ser la manija que Asad no quiere, no puede o no se anima a ser, dejando solo a Desábato en una función que le es incómoda (reitero, él es un gran doble cinco, pero en solitario no rinde). Una banda izquierda no sólo atacada sino puesta en ridícula y un tres que si siendo profesional no sabe que de un lateral no hay off side y deja libre a la marca a sus espaldas juro que dejo de mirar fútbol. De esa jugada vino el segundo gol de Independiente: Bella se desentiende de su marca y obliga a salir a Giannetti, permitiendo el ingreso de Rigoni por el centro del área para empujarla al gol previo ganarle la espalda a Nasuti y el frente a Cubero.
Ni siquiera los ingresos de Romero por Asad –cambio ofensivo- ni de Delgadillo por Stelcaldo sirvieron para dar peso en el campo rival y volumen de juego ya que la idea de ataque está automatizada por las bandas. Los actores puestos en escena requerían contacto, toque, sociedades, potrero. En lugar de eso se vio a un Vélez desdibujado, apostando a un milagro que nunca llegó.
Salvo Servetto, Vargas y algún que otro juvenil más ya estamos ante un plantel demasiado grande para ser considerado “de pibes” y con varios partidos en el lomo. La camiseta de Vélez debe ser más pesada de llevar. Bassedas y cuerpo técnico deberán profundizar su labor como formadores más que como técnicos para generar el cambio de mentalidad que se necesita para salir a flote. El Fortín no puede ni debe perder más puntos y menos de la manera en que lo hizo ante el Rojo: sin idea ni identidad.
Como dije cuando asumió Christian: capacidad y formación le sobran. Ganó todo lo que podía ganar. Fue dirigido y compartió plantel y cancha con los referentes máximos del fútbol de la década del ´90. Mal que nos pese debemos mirar la tabla de posiciones y de promedios de abajo hacia arriba y la situación requiere de hombres que dejen todo. Quien se quiera amparar en la juventud como excusa que dé un paso al costado. Quien no esté a la altura de las circunstancias también. A quien le dé lo mismo vestir nuestra gloriosa casaca o la de cualquier otro club por el mero hecho de poner en su perfil de las redes sociales “jugador de fútbol” o para chapear en un boliche que replantee su profesión.
Este equipo tiene potencial y no lo digo de optimista ni de alcahuete sino porque es una realidad. Tiene nombres propios determinantes y también muchos aspectos a mejorar y a reforzar. Pero por sobre todas las cosas tiene algo que ningún otro club tiene: una V azul en el pecho y una historia escrita en base al sacrificio y al amor propio de hombres como José Amalfitani, Ricardo Petracca, Carlos Bianchi, Victorio Spinetto y tantos otros que no puede ser ignorada ni deshonrada.
Se viene Argentinos Juniors, una vara tal vez demasiado baja para medir al fútbol de hoy pero a la altura ideal de este Vélez. Un rival al que ya enfrentamos, vencimos y fue el punto de partida de una ilusión que duró poco. El viernes Bassedas y equipo tendrán la chance de escribir un nuevo capítulo, con el mismo adversario enfrente y con la esperanza de que esta vez no hablemos del inicio de un sueño efímero sino de un proyecto futbolístico consolidado.
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