jueves, 11 de febrero de 2016

Sarmiento 1 - Vélez 0: Desde el Banco



Año nuevo, torneo nuevo, errores viejos. Visita a Sarmiento por la primera fecha de un nuevo campeonato inentendible y una derrota de esas a las que lamentablemente nos acostumbramos a sufrir. Y voy a empezar la columna con una primera reflexión: Vélez, tal vez desde el último torneo del Tigre Gareca, genera poco. Juega poco. Gana y pierde con y por poco. Hasta me animo a decir que Russo, con quien no guardé compasión a lo largo de todo el 2015, nada podía hacer con esta letanía que nos invade hace dos años.


Daría la sensación de que nuestros proveedores de indumentaria hacen la camiseta más grande y pesada del futbol argentino. Pasó un año y cambiamos el cuerpo técnico y el esquema de juego. Se trajeron, hasta el momento, 5 refuerzos. No serán los mejores del mercado pero sirven para renovar el aire y generar competencia. Así y todo Vélez no se oxigena. Está en el mismo ahogo de no generar juego, de ser virtuoso en la intrascendencia con una tenencia sobre las bandas y pases atrás improductivos.

Bassedas puso en cancha su 4-1-4-1 en donde tal vez el más destacado haya sido Yamil Asad, bien plantado sobre el 5 rival e intentando conducir un barco con el timón roto y mucho viento de costado. La soledad y falta de abastecimiento de Pavone ya tiene tintes dramáticos. Incluso Tom Hanks en “Naufrago” tenía a Wilson. ¡Ojalá al pobre Mariano le llegue una pelota a la deriva para poder jugar un poco!

Decir que el Fortín viene viciado y arrastrando esto que vemos hace meses no exime de culpas a Christian: su designación, basada principalmente en su experiencia como jugador e inteligencia, fue justamente para salir de este laberinto.

Dice el refrán que si no queres obtener siempre el mismo resultado no debes hacer siempre lo mismo. La derrota con Sarmiento fue producto de hacer, no importa el esquema, siempre lo mismo: un nueve solitario que toca dos pelotas por partido y de espaldas al arco, volantes por afuera que no desbordan y tiran centros, volantes por adentro que no encaran y un Cubero más que expuesto a sus errores.

Tal como indiqué en varias oportunidades, y que Lippi pudo observar y sacarle provecho a tiempo, a Vélez se lo desborda por la derecha de la defensa. Necesitaría de los números mágicos de mi amigo Seba Pizman para validar lo mencionado, pero casi todos los goles que recuerdo del último tiempo son sobrando a Cubero, al volante por derecha de turno que no ayuda en el retroceso y al primer central que queda expuesto por el desborde al 4. Ese trabalenguas que acaba de leer se traduce en: ingresa Mercado, Doffo-Alvarenga no cubren la subida, Cubero va al cierre y pifia, obliga a salir a Nasuti y para cuando cierra Gianetti, Carlos Bueno ya quedó posicionado de cara al arco y con un centro atrás al pie.

Para colmo de males, aunque a esta altura es el menor de ellos, los goles caen como baldes de agua fría y cuando el reloj ahorca y desespera.

¿La situación preocupa? Si. ¿Desespera? No aún. Para evitar caer en desesperación, y dado que el torneo de transición fue el del año pasado, es momento de tomar determinaciones. Sin dudas que el esquema no resulta amigable a los recursos con los que contamos. La soledad del nueve no cambia pese a los dibujos tácticos. Pero lo más preocupante es la falta de criterio de algunos intérpretes. 


Saben los lectores y amigos que banco mucho a los pibes, pero que se tengan que traer refuerzos de la góndola de ofertas y con la bandera de la salvación habla mal de ellos. Que las notas de su debut titulen “estoy cumpliendo un sueño” me sabe a poco. Si alcanza sólo con debutar en Primera, si ese es el sueño, la vara está muy abajo. Las expectativas se alcanzan muy rápido. Para un pibe cuyo sueño es –o era- simplemente “debutar en Primera”, Bassedas es un extraterrestre. Campeón local, de América y del mundo, cerebro y referente, se transforma en un ser lejano. Christian deberá trabajar y mucho en lograr que ese hambre que pareciera que hoy se sacia con pequeños bocaditos (hasta un empate de local) les sepa poco también a los protagonistas.

Vuelvo siempre al paradigma del futbol horrible pero ante el cual aplaudo de pie: Grecia campeón de la Eurocopa 2004. Limitado, feo a la vista, rústico, el adjetivo que usted desee ponerle. Pero con un hambre pocas veces visto y una idea clarísima: si nos cerramos atrás no pasa nadie y al 9 hay que hacérsela llegar como sea.

Esa Grecia heroica, casi mitológica, no tenía recursos más valiosos que los que tiene hoy Bassedas. Será cuestión de saber renovar los sueños y expectativas y de despertar al gigante dormido y hambriento que siempre está presente en Vélez. Y si de héroes y mitología se trata, nada mejor para este Vélez que empezar a torcer el destino alcanzando el Olimpo este sábado.

Emiliano Curuchaga
@Emi_Curu

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