domingo, 14 de febrero de 2016

Vélez 2 – Olimpo 1: Desde el banco



Amigos lectores: como periodista tengo un compromiso con la verdad. No puedo, no debo y no quiero mentirles. Domingo 14 de febrero, 13 horas, y recién termino de ver el partido versus Olimpo por la 2da fecha del Torneo "Quisiera Poder Entenderte" 2016. Mientras el Fortín salía a la cancha yo estaba a 60 kilómetros, en la previa al día de los enamorados, junto con mis otros dos amores: mi mujer y los Rolling Stones. Con lo cual les pido me permitan el atrevimiento de hacer un “Desde el banco” distinto, egoísta tal vez, pero honesto y sentido como pocos.

Para el momento en que saltaba a la cancha el equipo de Bassedas, Keith Richards hacía sonar el riff de Start Me Up (“Enciéndeme”), como si la conexión La Plata-Liniers pidiera poner en marcha el motor sabiendo que ese era el punto de partida de un espectáculo inolvidable. Un puñado de minutos después el bombo de Charlie Watts creaba el ambiente y Cufré acomodaba la pelota en el corner para hacer estallar Out of Control (“Fuera de Control”): Vélez genera, empuja, rompe estática y líneas para que el Tano Nasuti la empuje al gol y que ambos públicos queden fuera de control. El grito sagrado, ese que tanto se hace esperar, tan efímero y emotivo a la vez, se hace presente en forma de gol en el oeste de la Capital Federal y en acordes al sur de la provincia de Buenos Aires.

Promediando la mitad de ambos espectáculos empiezan a bajar las pulsaciones. 35´ del primer tiempo, desborde de Olimpo por la derecha -el flanco débil que destacamos la semana pasada- y un centro inocente se transforma en una pifia por exceso de confianza de Aguerre que termina en el empate de Olimpo a través de Acuña. Mientras tanto, en la Ciudad de las Diagonales, las Majestades también bajan el ritmo, se permiten equivocarse y Sir Jagger cede el protagonismo a su ¿rival? Richards. Mientras escribo me pregunto si todas estas similitudes y paralelismos son sólo mi imaginación (Just my Imagination) o si es realmente posible que las pasiones se encuentren y vivencien sin importar tiempo ni distancia.

Para la segunda mitad de ambos eventos es necesario que todos, grandes y chicos, den lo mejor. Así lo entienden Jagger, Richards, Cubero y Somoza. Watts y Aguerre, Pavone y Ronnie Woods. Cufré, Toledo y el Coco, los más nuevitos de Vélez y los “novatos” Stones Darryl Jones, Bernard Fowler y Sasha Allen.

Vélez necesita refugio en la victoria y sus intérpretes así lo piden: Gimme Shelter. Y mientras triangulan voces y arreglos en el Estadio Único, en el Amalfitani Toledo ejecuta un solo por derecha, desborda y tira un centro atrás para que Maxi Romero se convierta en el jugador más joven en la historia del Club en anotar un gol en Primera División. En simultáneo, otra debutante hacía emocionar con su juego: Allen, nueva corista de los Rolling, seducía al el público y ponía en el cielo las palabras que todos anhelábamos: “It´s just a shot away”, “estamos a un tiro de distancia”.

Sobre el final del recital suena You Can´t always get What you Want (No podes tener siempre lo que queres). Me invaden dos “emociones mezcladas”: la tristeza de que se termina el concierto y que Vélez no pueda obtener lo que quiere y sobre todo necesita: los 3 puntos que tantas veces se nos escabulleron sobre el cierre del espectáculo.

Pero por una noche, tan solo por esa noche, el cierre es conmovedor. Todo termina como uno soñaba. El silbato final de Lunati ejecuta un Si-Do sostenido-Re de Satisfacción. Esa que no podía encontrar en Liniers desde hacía fechas. Dos estadios explotan de felicidad y alivio. Vélez gana, los Stones se despiden, yo lloro. Algo adentro mío sabía que era una noche perfecta aunque sólo era consciente de una parte.

Mick y Christian le piden a su público que estén, que disfruten, que están ahí para darlo todo. Agradecen a la gente antes, durante y después de sus presentaciones. Saben que nos necesitamos los unos a los otros, que arriba del escenario y dentro de la cancha los protagonistas salen a dar lo mejor para un público fiel, que sabe esperar, que está ahí porque desea estar ahí. No importa el clima, la distancia ni la espera. Nada es excusa ante lo que uno ama.

Nuevamente me disculpo ante todo aquel que esté leyendo esta columna y no se encuentre con el análisis técnico correspondiente. Por primera vez en mucho tiempo no encuentro la forma de dar cierre a un texto. La alegría de que Vélez haya vuelto al triunfo y de haber podido ver nuevamente a quienes ejecutan la banda de sonido de mi vida me confunden, me pasean por una paleta de sensaciones tan únicas que sólo puedo dar las gracias por ser de Vélez y por haber sido criado en un hogar rockero.

Me hace feliz que ver a varias generaciones en cancha, en escena y en el público. Saber que la pasión no reconoce edades, que se pasa de padres a hijos y se disfrutan con la intensidad del primer día. Que se contagia entre amigos, que se disfruta en equipo.

No se cuándo volveré a ver a los Rolling Stones. Tal vez nunca. Lo que sí se es que el 13 de febrero del 2016, sin saberlo, tocaron para Vélez. Para que el Fortín vuelva a sonreír, para que el público que tanto esperaba y necesitaba esa alegría vuelva a su hogar tan lleno de Satisfacción.


Emiliano Curuchaga
@Emi_Curu

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