Dicho esto, pasemos a lo nuestro: cierre de la pretemporada con saldo de dos victorias ante Defensa y Justicia e Independiente y tres derrotas ante Almagro, Lanús y Godoy Cruz, esta última en el marco de la Noche Azul y Blanca donde se presentó oficialmente al plantel profesional para este 2016.
A lo largo de las cuatro presentaciones el esquema táctico fue siempre el mismo: 4-1-4-1. Tal como afirmé en privado, el esquema no me desagrada pero me da la sensación de que este plantel no cuenta con los recursos necesarios para aplicarlo. De hecho, y según marca la historia, todos los equipos campeones de Vélez contaron siempre con un 10/enganche/armador/enlace o como usted prefiera llamarlo, un “distinto” que genere juego, se anticipe un segundo a la jugada y brinde claridad al juego vertical y a la defensa con posesión. El peso de esta figurita difícil que Russo no supo encontrar y que este esquema no permite identificar caerá indefectiblemente sobre el Coco Correa, a quien sufrimos por su ausencia todo el año pasado y a quien se le exigirá, sanamente, para que asuma y demuestre en su máxima expresión.
Yendo puntualmente al encuentro con Godoy Cruz, el equipo fue de mayor a menor, bien plantado pero carente de peso ofensivo. Da la sensación de que el Fortín todavía sufre los efectos secundarios del paso de Russo: un 9 aislado (Pavone se autoabastece, no le llega el balón y no tiene con quien descargar cuando pivotea), volantes por afuera –Alvarenga y Toledo- que rebalsan de explosión pero que no terminan de llegar al fondo ni de ayudar en las marcas y una tendencia casi mecánica de ocupar los puestos y no moverse de allí. Vélez no rompe líneas, no tira diagonales ni triangula. Los jugadores están quedaron tan atados al esquema y a su posición en el campo de juego que ninguno se anima a sorprender.
Fabián Assmann demostró que está para pelearle –e incluso ganarle- el puesto a Aguerre. Tiene voz de mando, es rápido de piernas y reflejos y sabe bien cómo y cuándo salir jugando aunque a veces se muestre dubitativo en las pelotas paradas.
La línea de cuatro es sólida con Damián Pérez por izquierda, Gianetti y Nasuti en la zaga central y el eterno Poroto por derecha. Y aquí caben dos comentarios: los 5 partidos de Nasuti fueron más que aceptables, demostrando firmeza, carácter e incluso llegada al área rival, en clara muestra de que la llegada del Tano busca ocupar el lugar de “caudillo” vacío desde la partida de Seba Domínguez. Por su parte, y con el respeto y cariño que le tengo a Fabián, la banda derecha es el punto más flojo. Los rivales buscan por allí, especulando con el físico y temperamento del Poroto y generando situaciones que exponen tanto a Cubero como al volante por derecha que deba complementarlo y Nasuti cuando sale al cruce.
Somoza en el puesto de 5/líbero más adelantado mostró las mismas falencias del año pasado y le juegan en contra sus propios nervios y la presión del hincha. Si bien Bassedas afirmó que quiere recuperar la mejor versión de Somoza, pareciera que por su edad, su temperamento y el rechazo que genera en muchos hinchas no va a ser posible lograrlo. Como afirmé todo el año pasado es momento de afianzar a Kolacha en el puesto. De hecho Vélez ganó marca y movilidad en el medio con su ingreso y demostró que, pese a que le sienta mejor el doble 5, con un buen complemento por parte de los volantes más adelantados puede ser titular indiscutido en la posición. Su corte y distribución se asemejan muchísimo al juego de Panchito Cerro como referencia inmediata.
Lo dicho anteriormente: los volantes externos no terminan de desbordar ni ser piezas de marca. El ingreso de Coco Correa por Alvarenga por la derecha generó pinceladas de ilusión y buen juego pero expuso el lateral, mientras que a Toledo por izquierda le falta el sprint final para centrar.
Por el centro de la cancha Romero se mostró activo y pensante pero sus lesiones, su situación contractual y los rumores de su partida lo ponen constantemente en incógnita, mientras que Yamil Asad excede cualquier análisis. Ya en su presentación ante el público entró caminando y con la cabeza baja. Tuvo poco más de un tiempo para ganar confianza, ganarse al hincha y ser la manija del equipo y solamente generó un disparo desde afuera del área. Iniciado el ST, y luego del gol del Tomba, se dejó ganar por los nervios y la presión y le aplicó un planchazo criminal a Pol Fernández que no sólo dejó al equipo con 10 sino que fue casi la firma de la sentencia. Una muestra más de inmadurez e indisciplina impropios de un profesional.
Bassedas se demoró en mover el banco ante algunos rendimientos individuales –Somoza y Asad principalmente- y la presión de Godoy Cruz que con un 4-2-3-1 supo mantener el control del mediocampo y generar contras rápidas y abastecimiento constante al moreno Ayoví.
Tal como afirmé anteriormente este Vélez 2016 parece sufrir secuelas del año anterior. Será virtud del técnico cambiar el chip en los jugadores, transmitir el conocimiento adquirido como pieza fundamental del mediocampo del mejor Vélez de la historia para forjar a un equipo protagonista, compacto y punzante. Será también todo crédito de Christian consolidar y aplicar todo el bagaje técnico, pedagógico y profesional que supieron transmitirle Bianchi, Ischia, Piazza y Bielsa entre otros para lograr un plantel ambicioso, ganador y humilde.
Tal como le sugerí a Miguel durante gran parte del 2015: hay mucho por ganar y muy poco por perder. Es cuestión de animarse a ser protagonista, a entender que ya no son “los pibes de Vélez” sino los guerreros que pidió el técnico en su primera declaración y que el hincha jamás les va a dar la espalda a los ídolos del club. Pero para ser ídolo hay que jugar, ganar y querer a Vélez como todos aquellos que fecha a fecha intentamos empujar la pelota a la red rival con el aliento incansable y el amor por la V azul en el pecho.
Emiliano Curuchaga
@Emi_Curu
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