Dicen que la vida te da señales. Que hay que estar atento a ellas porque que son avisos, anticipos, advertencias de lo que pueda llegar a venir. Noche de viernes en Sarandí y Arsenal como anfitrión de la 6ta fecha del torneo “Ya no se cómo nombrarte 2016”.
Nuevamente en cancha este 4-2-3-1 que Bassedas intenta establecer como esquema de cabecera, con los regresos de Cubero y Cufré y el ingreso de Stelcaldo por Alvarenga en la banda derecha del mediocampo.
Enfrente, un 4-5-1 con el que Sergio Rondina solidifica a un Arsenal limitado pero compacto y siempre peligroso. Primera señal: el partido se va a jugar en un mediocampo plagado de jugadores propios y ajenos.
El desarrollo del primer tiempo no dejó nada destacable más allá de las desatenciones propias de un encuentro trabado y un gol en contra que pareció un calco del lunes pasado. A los 18 minutos un tiro libre a favor del Arse sobre la banda derecha de nuestra defensa ejecutado por Fernando Luna se escurre por el palo izquierdo de Alan Aguerre en lo que resultó una jugada muy similar al gol de Esteca contra Gimnasia. Segunda señal: discúlpenme la reiteración de la frase, pero matamos y morimos con el mismo hierro. Tercera: el partido va a ser igual a los que venimos jugando, con más coraje y amor propio que juego asociado.
Ente los otros pequeños puntos remarcables de los primeros 45 minutos está el reencuentro de Correa con la pelota para buscar su mejor forma. El Coco, con muy poquito, rompió la línea de la mediocridad que dominó en la noche de sureña.
También para marcar, pero con menos optimismo, las actuaciones de Cufré y Stelcaldo. Braian no supo hacer pata ancha en un mediocampo donde se le presentaba, por disposición táctica del rival, la oportunidad de desplegar todo su repertorio de corte y salida. Esteca, por su parte, pasó de ser el muchachito de la película a un extra en una producción de bajo presupuesto. Tal como afirmé en la columna anterior: esto es el fútbol, le guste a quien le guste y le duela a quien le duela. El Show Business y el mercado de valores no viven del ayer. Se pueden referenciar y darte un poquito de margen, pero no te van a dar inmunidad. Y esto aplica para pibes y grandes, ídolos y medio pelos. Y los ejemplos sobran.
El segundo tiempo iba darnos la señal más clara de todas: la caprichosa, tal como la llama el maestro Quique Wolff, no iba a entrar en el arco de Pellegino. La jugada que pierde el Tanque Pavone (irreprochable como siempre, un autogestor nato) debajo del arco y en dos oportunidades fue el botón que bastó como muestra. Los ingresos de Cáceres y el debut de Didí Zabala tampoco pudieron doblegar la valla rival, pese a que el uruguayo tuvo también su chance. Sin dudas el ángel que tenía Christian para acompañar a los debutantes-anotadores tenía otros asuntos que atender el viernes por la noche.
Queda el sabor amargo de una derrota que, si bien no es desacertada, podría también haberse evitado. Arsenal no fue mucho más que Vélez, pero le alcanzó con muy poquito para dejarnos con las manos vacías y plantar el interrogante: si fuimos derrotados con tan poco, cuánto menos habremos hecho nosotros.
Tal como vengo afirmando éste es el verdadero torneo de transición, el que servirá de campo de pruebas para lo que vendrá con una amalgama de jóvenes y experimentados unidos por una idea de juego Made in Liniers y con la esencia y el gusto de la cocina casera de las recetas de Bassedas.
Hasta entonces será cuestión de saber leer las señales, de aprender de los errores y de repetir los aciertos. Porque la verdadera virtud y el crecimiento no radican en hacer todo bien, sino en saber identificar y corregir lo que se hace mal.
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