Suenan un poco duras estas primeras palabras, pero dicen que cada tanto es conveniente que la caída sea fuerte para aprender a levantarse y evitar repetir los errores. 8ª fecha del Torneo y varios aspectos para analizar una derrota dolorosa. En primer lugar, nos enfrentamos a un rival casi diezmado económica y futbolísticamente. Quilmes, hoy por hoy, es uno de los equipos con menor volumen y calidad de juego y lo demostró a lo largo de las 7 fechas en donde hizo “lo que pudo”. Esto no es desmerecer al rival, sino sencillamente mostrar una realidad ineludible.
Christian puso su 4-2-3-1 en cancha, sistema de mi agrado, pero en este caso forzado dadas las bajas de Toledo y Pavone. ¿Estaba Romero para aguantar como único punta, pivotear, jugar al ser el Tanque cuando no cuenta con la experiencia, el oficio ni el porte físico de Mariano? Indudablemente no. Ya de entrada entonces me parece cuanto menos errada la disposición táctica a sabiendas de que Vélez es un plantel corto, joven y en formación. Si no podemos reemplazar las piezas, entonces debemos reformar el circuito.
Otro punto que ya lo tomo casi a título personal: Yamil Asad. Perdoneme estimad@ lector, pero el hijo del querido Omar Andrés no me da un solo argumento de defensa. En términos jurídicos me declaro incompetente para afrontar su caso. Apatía, lentitud, desgano. Falta de conceptos básicos como saber poner el pie para parar la pelota y que no te rebote un metro, girar para el contrapie del marcador o encarar con la cabeza en alto. A Yamil se le han presentado más oportunidades que a cualquier otro jugador que recuerde para ganarse un lugar y el cariño de la gente pero al momento de salir a la cancha se vuelve contraproducente para cualquier equipo. Ni siquiera el cambio de banda con Diego Zabala, de buen partido pero poco buscado, le permitió encontrarse en el campo de juego.
Gran labor de Damian Pérez, mostrando marca y proyección, pero limitado a la estática general de ¾ de cancha. La única ruptura de esa letanía es el Coco Correa, cada vez más dueño de la 10, eléctrico, imprevisible pero muy solo. Sintió muchísimo la ausencia de sus dos socios de descarga: Toledo por la banda y Pavone de frente. Su gol, producto de la segunda jugada de una pelota parada, parecía ser la llave que abriría un partido cerrado por las dos líneas de 4 que planteó Grelak en el cervecero y la falta de ideas propias. Pero esa ilusión duró sólo 5 minutos.
Sobre los 45´un corner mal sancionado a favor de Quilmes le permitió a Rescaldani cazar un rebote, cumplir con la ley del ex y marcar el empate en un momento clave para ambos equipos. Voy a atribuirle el gol en contra solamente a la desatención en las marcas y no me detendré en los errores arbitrales ya que los que vinieron luego sólo aumentan la acidez estomacal. Lo dije en columnas anteriores, lo repito ahora y sin ánimos de creerme un revolucionario del fútbol: los cuerpos técnicos deben entrenar entre semana cobrando barbaridades y sacando de quicio a los jugadores para que se aclimaten al escenario de los domingos. El arbitraje argentino es HORRENDO, te condiciona los partidos, cuenta con la impunidad de ser el dueño del martillito de sentencia y ante cualquier tipo de crítica a su gremio amenaza con pararte el fútbol. Jueces que con mucha valentía apuran al jugador visitante para que patee el córner y evitar la lluvia de proyectiles de la platea local en vez de suspender el partido y tomar las medidas correspondientes. En fin…
Volviendo a lo nuestro, el entretiempo marcó el segundo error grave de Bassedas: no mover el banco. Vélez no generó juego a lo largo del primer tiempo y mucho menos llegadas. Creo que esta vez la fe le jugó en contra y se transformó en terquedad, insistiendo con jugadores de bajo nivel y un planteo desactivado por el rival. Traducido en cancha, es mucho más “incendiario” poner al Monito Vargas y a Stelcaldo, de 18 y 21 años respectivamente y 15 minutos en Primera para levantar un resultado que sacar en el entretiempo a un jugador por bajo rendimiento.
La imprecisión de Somoza en el medio condicionó la labor de Cáceres y los errores de Aguerre sólo fueron salvados por los horrores de los delanteros quilmeños. Tanto Somoza como Alan son el ejemplo de irregularidad de este Vélez que gana y pierde por igual. Lo del arquero tal vez sea más preocupante porque comete yerros que se suponen superados y porque atrás tiene a un Assmann que vino para mostrarle que nadie tiene el puesto asegurado.
El segundo gol de Quilmes llegaría a través de Mansilla luego de una contra certera, una desatención en el fondo y un juez de línea con criterio disímil al mío. La expulsión de Nasuti fue la muestra final de la impotencia ante las propias limitaciones.
Vélez tiene por delante dos encuentros claves para sus aspiraciones y para demostrar la capacidad estratégica de su cuerpo técnico: Godoy Cruz de local y Central en Rosario. Bassedas & Co. llegaron sabiendo que se iban a tener que arreglar con lo que había y demasiado jugo le están sacando. Sin desmerecer a Pavone ni a Toledo, Christian debe confirmar que este Vélez es más que dos buenos jugadores de racha. Vélez debe demostrar y demostrarse que tiene con qué superar lesiones, sanciones, cambios de fechas, terrenos de juego, fallos arbitrales. Si Vélez se ata a sus limitaciones, pierde. Reitero: éste es el torneo de transición, el momento de probar, equivocarse intentando, fortalecer virtudes y corregir errores.
Pasó la Cerveza, se viene el Vino. Confiemos en que el domingo disfrutaremos de nuevo del sabor del encuentro con este Fortín cosecha 2016.
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